jueves, 16 de marzo de 2017

UNA VIDA: UNA OPORTUNIDAD DE SALVACIÓN

Puede sonar a manía, o a impertinencia, pero merece y vale la pena repetirlo hasta la saciedad. Nos ha sido regalada una vida para vivirla, pero no vivirla de cualquier manera. Sabemos que estamos inclinados a gastarla pensando en nosotros, es decir, fe forma egoísta. Y que nos cuesta mucho ir contra esa corriente, pero es el camino que nos interesa aunque sea más duro, angosto y difícil de recorrer.

La vida, nuestra vida, la convertiremos en oro si la empleamos desde y con amor. La vida será más hermosa y resplandeciente si la vivimos desde y por amor. La vida, nuestra propia vida, será gozosa y eterna si la vivimos injertados en el Espíritu Santo y siguiendo sus impulsos y dirección. Sólo de esa manera, nuestra vida, será gozosa y feliz.

Las apariencias engañan, y lo que la vida nos ofrece hoy son espejismos que, de la misma forma que aparecen, desaparecen. La vida de este mundo no tiene esperanza, puesto que es caduca, y todo lo que te ofrece está revestido de la caducidad y la muerte. El gozo que este mundo te ofrece es un gozo limitado, nunca pleno, y un gozo tenido de angustia, de remordimientos y desprecios. 

Un gozo apoyado en la indiferencia y en el olvido de los demás, para sólo pensar en ti y en tus intereses y apetencias. La vida, nuestra vida, vivida así nos conduce al mismo camino en el que terminó aquel rico epulón, que sólo pensó en eso, en darse fiestas, comilonas y buena vida. Una vida que vivida así cava tu propia tumba de sufrimientos eternos.

Pidamos al Padre que sepamos entender nuestra vida. Y, más que entender, también aprovechar todo momento de vida que se nos regala, para vivirla con amor en servicio y atención a los problemas de los demás. La oración es un regalo que todos tenemos en nuestras manos en abundancia y que podemos compartir con todos aquellos que sufren y lo pasan mal. Pidamos al Padre Dios que nos dé la sabiduría y fortaleza para ayudarnos unos a otros y vivir nuestra vidas tal y como el Padre quiere hasta que nos llegue el momento de reunirnos con Él. Amén.

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