martes, 28 de marzo de 2017

LA ESPERA TIENE SU PREMIO

El Evangelio de hoy dice que aquel pirático llevaba treinta y ocho años de invalidez y, ¡por fín! encontró al único Señor que lo podía acompañar y llevarlo a la curación total, integra. Porque, no sólo importa la parálisis del cuerpo, sino, quizás más importante, la del alma. Ambas son necesarias, y ambas nos las salva nuestro Señor Jesús.

¿No nos vemos retratados? Posiblemente, nosotros llevamos bastante tiempo, si no más que aquel paralítico, esperando nuestra salvación. Pero, igual no aguardamos en el lugar adecuado por donde pasa Jesús. Igual nos cansamos, nos aburrimos, nos desesperanzamos y abandonamos. No permanecemos en la esperanza de que el Señor vendrá a curarnos.

Nuestras parálisis pueden inmovilizarnos y dejarnos postrados sin darnos la posibilidad de movernos, de hacer el bien y de proclamar el Evangelio. Quizás permanecemos paralizados cómodamente esperando que una mano amiga nos ayude a saltar al agua. ¿Acaso no tienes tú tus propias muletas para saltar? ¿Acaso no se te ha dado lo necesario para despertar y moverte? Puede ocurrir que, en muchos casos, la voz del Señor te indiques que te levantes y que tomes tu camilla y andes. Y que abras tus ojos a la realidad y creas en el Señor. Y no vuelvas a pecar. Son esas las últimas Palabras que pronuncia Jesús cuando se encuentra de nuevo con aquel paralítico.

¡Oh, Señor!, danos la valentía y la fortaleza para emprender el camino poniendo todo nuestro empeño y nuestras fuerzas en responder a todos los bienes recibidos. Danos la sabiduría de impulsarnos y saltar al agua de nuestra vida esforzándonos en darnos y derramar en mis hermanos en la fe todo el bien del que he sido dotado. Dame la fortaleza de desatar todas mis parálisis para ponerlas en función y bien del hombre.

Y, aquí, Señor, sigo esperando. Pero no lo quiero hacer con los brazos cruzados, sino tratando de trabajar y esforzarme en hacer tu Voluntad. Y, eso sí, con los brazos abierto esperando tu venida, para que me envuelvas de tu Gracia y me indiques que me levante y te siga. Amén.

1 comentario:

camino dijo...

Es verdad, lo que usted dice hoy, que Dios nos ha capacitado, pero muchas veces nos encerramos en nosotros mismo que no vemos esa capacidades, y necesitamos ayuda que nos hagan ver esos dones que Dios ha puesto en nosotros, y así poder ponerlos al servicio de los damas, muchas, gracias y un gran saludo.