Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

domingo, 2 de septiembre de 2018

COSTUMBRES Y TRADICIONES


Resultado de imagen de Mc 7,1-8.14-15.21-23
En muchas circunstancias nos cuesta distinguir la costumbre y la tradición. En el tiempo se van mezclando y llegan a identificarse aunque no es lo mismo. Es verdad que la costumbre está contenida en la tradición, pero no es lo mismo. Digamos que la tradición es la herencia que hemos recibidos de nuestros antepasados, su doctrina, sus ritos y también sus costumbres, que nosotros vamos empleando y, quizás, también deformando o evolucionando a otras formas que quizás pierde el núcleo de la pureza vital.

Porque, lo verdaderamente importante es la Ley de Dios, que está contenida, como diría Jesús, en sólo dos: Amar a Dios y al prójimo. Y de esta aplicación se derivan todos los demás. Porque, el amor a Dios te da la luz, la sabiduría y la fortaleza para amar al prójimo tal y como Dios lo ama y quiere que tú lo ames. Y ese amor te llevará a una convivencia justa, misericordiosa y fiel. Y en ello encuentras todas las costumbres que la tradición te ha ido transmitiendo.

No es importante lavarte las manos o tener el vaso limpio como el oro. Si es buena costumbre y necesario tener higiene y los enseres limpios. No es lo importante lo externo, las apariencias y el perfil, sino la verdad, la justicia y misericordia y la fidelidad. Y todo eso no nace de lo que exteriorices porque lo hayas heredado, sino de que en tú corazón lo aceptes, lo guardes y lo vivas. La fe no se hereda, sino se busca y se pide y te dispone a abrirte a la Gracia de Dios para recibirla.

Y eso vamos a pedir, la Gracia de saber discernir lo importante, lo que realmente agrada a Dios y lo que es bueno: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como Jesús nos ha enseñado a amarlo. A no pararnos en lo externo, en lo aparente y en las prácticas que, siendo necesario y bueno, no son lo fundamental. Pidamos tener un corazón justo, misericordioso y fiel para vivir en los mandatos del Señor, es decir, amar a Dios y al prójimo. Amén.

sábado, 1 de septiembre de 2018

TALENTOS

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Se me ocurre pensar y proponer, a modo de sugerencia, que conviene leer el Evangelio de cada día para, teniendo un conocimiento de la Palabra, reflexionar mejor sobre lo que nos pueda orientar esta humilde reflexión. Porque, de esa manera nos podemos enriquecer más todos con nuestros comentarios y aportaciones. 

¿Qué sé hacer, más o menos bien? ¿Qué experimento que mejora y mueve a otros a ser mejores? ¿Descubros que ahí pueden estar mis talentos? ¿Y cómo he llegado a descubrirlos? ¿Quizás ha sido con el compromiso y el riesgo de acometer esas responsabilidades a las que tanto temía? Estas y otras preguntas nos pueden ayudar a dar los primeros pasos para inducirnos a vernos y descubrir que talentos tenemos que, de nosotros, necesitan los demás.

Porque, seguro es que algo bueno e importante para otros hemos recibido. Y es de sentido común que quedarnos quietos, pasivos, acomodados, temerosos de fallar o equivocarnos no nos ayudará a descubrir si tenemos algo bueno que dar. Eso nos descubre que es necesario dar un paso hacia delante y negociar, tomando riesgos, con las cualidades que tenemos. Pronto descubrimos que unas cosas se nos dan mejor que otras, y eso nos va indicando cuales son nuestros talentos.

Entonces, nace nuestro compromiso y descubrimos que debemos comprometernos para ayuda y beneficiar a otros de nuestros talentos recibidos. Porque, se nos han dado para eso, para que los demás puedan beneficiarse en el buen uso de ellos y para regalarlos por amor. Tal y como los hemos recibido, gratuitamente. Está claro que se entiende que todo va dirigido en el bien, la justicia, la misericordia y el amor.oraci

Porque lo malo nadie lo quiere ni hasta se arrepiente de practicarlo. Su conciencia le delata y le remuerde. Sin embargo, no debemos ni podemos atrevernos a descubrirlos con nuestras propias fuerzas. ¡Sería un suicidio! Necesitamos la Gracia del Espíritu Santo, que nos asiste y acompaña, para, enfrentados con nosotros mismos y con las tentaciones y seducciones del mundo, demonio y carne - peligros que nos acechan a cada instante - con garantía de triunfo.

Por eso, Padre del Cielo, te pedimos que nos des la sabiduría de descubrir, cada día, esos talentos que nos has dado gratuitamente para no enterrarlos, sino para ponerlos a rendir al máximo en bien de todos aquellos hermanos que lo necesiten. Amén.

viernes, 31 de agosto de 2018

EN ESTADO DE ALERTA AMOROSA

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


No se trata de vivir asustado ni angustiado, sino vivir en actitud fraterna en justicia, misericordia y fe. Fe esperanzada en el Amor de Dios y en su promesa de Vida Eterna. Eso es tener la alcuza de nuestro corazón lleno de aceite amoroso y la luz de nuestra camino bien orientada e iluminada para andar en verdad, justicia y paz. Así estaremos preparados para en cualquier momento de nuestro camino encontrarnos con el Señor.

Pero, si no parece muy difícil decirlo o manifestarlo, otra cosa diferente es vivirlo cada día. Hay muchos tropiezos y dificultades y la vida se endurece en muchas etapas de nuestro camino. Nuestra naturaleza humana es débil y fácil de tentar y está expuesta a seducciones de todo tipo, desde el mundo, la carne y, sobre todo, el demonio, que trata, disfrazado de verdad, engañar con la gran mentira que él mismo significa.

Por eso, la parábola del Evangelio de hoy nos anima a estar vigilantes y a tener nuestra lámpara prepara y provista de suficiente aceite para cuando el Novio llegue. Pidamos esa Gracia, esa capacidad y fortaleza para que podamos sustentarnos y sostenernos firmes en practicar la justicia, vivir en la misericordia y confiar por la fe en el Señor.

¡Oh, Señor!, te pedimos que nos llenes de sabiduría, de ánimo, de ilusión, de fortaleza y de esperanza para, a pesar de nuestras desilusiones y desesperanzas, superemos siempre las dificultades y sepamos encontrar ese buen camino, que Tú nos señalas y nos conduce a esa felicidad que, quizás desorientados por las seducciones y tentaciones del mundo, buscamos en otros lugares. En Ti, Señor, confiamos. Amén.

jueves, 30 de agosto de 2018

LA DUREZA DE LA VIGILANCIA

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No es fácil permanecer atento, el mundo tiene muchos recursos para distraernos y nuestra naturaleza demanda también distracción. Somos humanos y necesitados de apetencias que satisfagan nuestros instintos primarios tanto carnales como sensitivos y de ocio. El demonio tiene muchas cartas a su favor y, a menos que nos descuidemos, termina con nosotros.

Por eso necesitamos estar permanentemente unidos al Señor. Y eso lo conseguimos a través de la oración y los sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía. Necesitamos purificarnos con frecuencia - penitencia - y alimentarnos de Pan Eucarístico que nos fortalece espiritualmente y nos da la capacidad de perseverar y pertrecharnos contra las amenazas del demonio. 

No podemos quedarnos aislados ni solos, ni a merced de nuestras débiles fuerzas, porque, de permitir esto quedaremos en manos del demonio y nos llevará a olvidarnos de nuestro camino y hora final. Entonces, sucederá lo que tememos, que no estaremos vigilantes ni atentos a la hora en que nos visitará el Señor. La hora más importante de nuestra vida. Quizás sea necesario pensarlo así, descubrir y tener muy presente que ese momento de nuestra muerte es el momento y la hora más importante de nuestra vida. 

No es la muerte, sino la hora del encuentro con el Señor. Es el instante de nuestra cita y en donde se nos revelará todo aquello que ahora no podemos entender ni descubrir. Por lo tanto, caminando con ese pensamiento viviremos en la esperanza de saber que cada día nos acercamos más al encuentro con el Señor y eso nos fortalecerá para permanecer vigilantes y atentos a vivir en su Palabra y su Voluntad. Pidamos esa Gracia, la de estar atento a nuestro encuentro con el Señor. Amén.

miércoles, 29 de agosto de 2018

UNIDOS AL SEÑOR

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Para dar testimonio y defender nuestra fe es necesario estar plenamente unido al Señor. Desde nuestro bautismo hemos recibido al Espíritu Santo, y en Él podemos encontrar toda la fortaleza y la sabiduría necesaria para defender y proclamar la buena Noticia de salvación. Incluso por encima del valor de nuestra vida. Juan es un testimonio de ello y muchos mártires más que han seguido el mismo camino.

Pero, nunca podemos enfrentarnos a ello sin estar llenos de Dios, que significa tener nuestro corazón rebozando de deseos de proclamarlo, de anunciarlo y de darlo a conocer a todos los hombres. Deseos que rebozan nuestro entusiasmo y nos capacitan, nos dan fuerza y ánimo para anunciarlo y proclamarlo. Deseos que nos llenan de sabiduría y de esperanza y nos llenan de alegría y, de justicia, de misericordia, de fe y amor.

Sólo con esas fuerzas podemos anunciar al Señor. Y las tomamos del contacto a diario con Él. Las tomamos del alimento de la Eucaristía de cada día o cada domingo. Las tomamos de la confesión con regularidad, de la oración constante y diaria, del trato íntimo con el Señor. Y con el auxilio del Espíritu Santo, que nos asiste y nos fortalece con sus dones y frutos.

Sería disparatado y absurdo querer emprender esa labor sólo con nuestras fuerzas. Necesitamos estar llenos de Dios y seguir sus impulsos y señales. Quizás todos no podemos ser Juan Bautista, ni tampoco Pedro u otros, pero si podemos ser buenos hijos de Dios y dar todo lo que Él quiera y haya pensando de nosotros. Esa es nuestra disposición, ponernos en su Manos para hacer su Voluntad, tal y como dijo e hizo nuestra Madre María. Pidamos esa Gracia al Señor. Amén.

martes, 28 de agosto de 2018

AMENAZADOS POR EL MUNDO

Resultado de imagen de Mt 23,23-26
No es fácil escapar a las seducciones del mundo. Estamos inmerso en él y nos puede, porque es superior a nuestra fuerzas. O dicho de otra forma, somos débiles y estamos inclinados, por nuestra naturaleza humana, a ceder a su poder de atracción. No podemos atrevernos a enfrentarnos a él nosotros solos. Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo para poder rechazar todas esas tentaciones y seducciones que el mundo nos presenta.

Por eso, conscientes de nuestra pequeñez, nuestras debilidades y nuestros pecados necesitamos estar muy unidos a Espíritu Santo y, puestos en sus Manos, dejarnos guiar por Él para superar todas esas tentaciones que nos amenazan por alejarnos de nuestro Padre Dios. Necesitamos, y eso pedimos, ser perseverantes y fuertes en la oración; necesitamos ser constante y asiduos al alimento espiritual del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesús; necesitamos estar en contacto con la comunidad y ayudarnos mutuamente. Necesitamos no quedarnos solos.

Y eso, Señor, es lo que te pedimos desde este humilde rincón, que no perdamos el norte de nuestra vida que eres Tú y que, a pesar de la vorágine en la que estamos inmersos, sepamos guardarnos, apartarnos y resistirnos a las tentaciones que nos salen a nuestro encuentro. Danos la sabiduría de saber soportar los obstáculos y de ser pacientes y nunca desesperar.

Y, sobre todo, vivir en la humildad tratando de vernos interiormente con la buena intención de limpiar toda impureza que nos amenaza, nos inunda y nos contagia, para, limpios y purificados, ver el mundo con ojos buenos, comprensivos, humildes, pacientes, justos, con amor y con fe en Ti, Señor, Camino, Verdad y Vida. Amén.

lunes, 27 de agosto de 2018

UNA MISÓN MUY DELICADA Y PELIGROSA

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No es nada fácil erigirse en proclamador, porque la Verdad proclamada nos sobrepasa y es superior a nuestra inteligencia y sabiduría. Hablamos de la Palabra de Dios, esa Palabra revelada por nuestro Señor Jesús, el Hijo de Dios hecho Hombre y bajado del Cielo para darnos a conocer el Amor de su Padre y lo que nos quiere a cada uno de nosotros. También sus hijos y coherederos con su Hijo Jesús, de su Gloria - Rom 8, 14-17 -.

No jugamos con cosas u objetos, son personas a las que podemos confundir llevados por nuestras ambiciones personales, nuestros apegos, apetencias e incluso creencias arraigadas por nuestros egoísmos y vanidades. Somos pecadores y no podemos perder de vista nuestra fragilidad y las seducciones y peligros del mundo en que vivimos. Estamos expuesto a ellos y necesitamos estar muy unidos al Señor y en Manos del Espíritu Santo todo instante de nuestra vida y latir de nuestro corazón.

Vivir la Palabra es tratar de interpretarla desde la Luz y la Acción del Espíritu Santo, sin poner nada de nuestra sabiduría humana sujeta al error. Es dejarse llevar por la Luz del Espíritu Santo y no por nuestro espíritu y nuestra personal doctrina. No se trata de lo que nos gustaría, sino de lo que realmente es según la Palabra de Dios. No se trata, pues, de interpretar tu propia verdad sino la de Dios, porque la tuya y la mía son diferentes y no llegan a comprender ni interpretar la de Dios. 

Por lo tanto, pidamos la Luz del Espíritu Santo y tratemos de dejarnos guiar por su Palabra, que cada día nos alumbra el camino y nos orienta a saber discernir y caminar a la Luz de la acción del Espíritu de Dios. Amén.