domingo, 9 de noviembre de 2014

UN TESORO EN VASIJA DE BARRO



No se puede expresar mejor. Somos templos del Espíritu Santo, pero esa santidad la llevamos en vasijas de barro, débiles, frágiles, inclinadas a quebrarse y destruirse. Nuestro cuerpo no es lugar seguro para guardar esa pureza que nos santifica, y, a pesar de eso, nuestro Padre Dios nos la regala y confía en nosotros como guardas de ese templo santificado.

Perdona, Señor, nuestros fallos, nuestros fracasos, nuestras debilidades y nuestros rechazos. Queremos responderte y seguirte, pero desfallecemos y nos desviamos del camino. Merecemos esos azotes con los que Tú nos expulsaste del templo, porque lo estropeamos y lo dedicamos a otras cosas que en nada nos serán provechosas.

Ilumínanos para saber cuidarnos, porque somos templo del Espíritu Santo, y sin Ti, no sólo no sabremos sino que no podremos conservarlo. El mundo nos tienta y nos puede si nos dejamos llevar por sus ofertas y maravillas caducas. Necesitamos tu Gracia para poder liberarnos de esos apegos y esclavitudes que tratan de someternos y apartarnos de Ti.

Por eso, Señor, te pedimos, no dinero ni poder, sino la Gracia de saber mantenernos en tu presencia y de protegernos de todo pecado que nos amenaza gravemente con perdernos. Y de salvaguardar nuestro cuerpo como verdadero templo del Espíritu Santo. Amén.