martes, 1 de noviembre de 2016

DAME LA CAPACIDAD DE VIVIR EN LAS BIENAVENTURANZAS

Me has señalado el camino, Señor, al proclamar «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

Y terminas invitándome a la alegría y al regocijo, porque seremos recompensados en el Cielo. Esa es la actitud con la que tenemos que vivir y, sobre todo, amar. Hacerlo de forma gratuita y sin esperar nada a cambio. Hacerlo precisamente y especialmente a aquellos que, aunque quisieran, no podrían pagarme. Hacerlo porque es el Señor quien lo ha hecho y lo hace a cada instante de nuestra vida con nosotros. Hacerlo en correspondencia al Señor, porque Él siempre nos paga, y nos paga con creces.

Ya nos lo dijo en una ocasión, el ciento por uno, Mt 19, 29. Pero somos conscientes, Señor, de nuestras dificultades y apetencias; de nuestras debilidades y problemas que nos impiden seguir ese camino lleno de bienaventuranzas y bendiciones. 

Danos, Señor, la Gracia de ser pobres de espíritu; de ser mansos; de llorar, de tener hambre y sed de justicia. También de ser misericordioso y limpios de corazón. De trabajar por la paz y la justicia, a pesar de ser perseguidos, injuriados y digan con mentiras toda clase de mal contra nosotros por defenderte Señor. Danos esa fortaleza, valentía y capacidad, porque eso nos llenará de alegría y regocijo. Amén.