martes, 7 de febrero de 2017

INFESTADOS DE PREJUICIOS

Tendríamos que lavarnos todos los días con una antivacuna especial que nos desinfecte de tantos virus mal intencionados, que nos hace murmurar de forma despótica y cargarnos de maledicencias que matan y destruyen el honor y la fama de muchas personas. Al menor descuido se nos va la lengua y lo primero que tenemos que pedir al Señor es eso, que nos libre de murmurar maliciosamente.

Estamos llenos de prejuicios que nos traicionan y autoengañan. Prejuicios que se esconden en nuestras propias justificaciones para distorsionar la realidad y ver mal donde no lo hay, e incluso habiendo bien. Prejuicios que nos hacen ver como importante las apariencias, lo externo, sin pararnos a vernos por dentro. Porque son importantes las normas, pero más importantes son las buenas intenciones que habitan en nuestros corazones. Y esas son las que hay que respetar, cuidar y proteger sacándolas a la vida.

No te puedes parar en la norma, en la costumbre, en la tradición o en el método sin antes amar. Porque cuando amas todo cambia. ¿Qué hizo Jesús con la mujer sorprendida en adulterio? ¿La condenó según la ley a morir apedreada? Esa actitud de Jesús es nuestra referencia para nosotros tratar de actuar así también. La Misericordia está por encima de la ley, de la norma, del precepto, de la forma o método. Por eso, por la Misericordia estamos nosotros perdonados y salvados.

Pero eso no significa que, perdonados misericordiosamente, nos relajemos y vivamos sin cuidados, sin normas, sin métodos o sin mirar las tradiciones. ¡Claro que hay que mirar todo eso! Pero una cosa es mirarlos y otra no llegar al extremo de criticar a quienes no los sigan o lo hagan de otra forma. Lo importante es la intención con que los hagan. Si hay buenas intenciones, y eso tiene que ver con la bondad del corazón, y la búsqueda del bien, adelante. Porque todo lo que se haga amando y en nombre del Señor es bueno.

Pidamos esa sabiduría de descubrir la verdad del corazón y no pararnos de forma extrema en los métodos, las estrategias, las normas, las costumbres o lo que sea. Jesús pasa por encima de todo eso. Rompió muchas normas y leyes hechas por los hombres y nos enseñó simplemente a amar. Nos lo enseñó dándonos ejemplo con su Vida y su Palabra.

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