jueves, 2 de febrero de 2017

EN LA HORA DE MI BAUTISMO

Mis padres decidieron bautizarme. Doy gracias al Espíritu Santo que así fuese, pues mis padres, siendo católicos, como casi todos los de aquella época, no eran practicantes. Se era católico por cultura y también por imposición. Eso no quiere decir que muchos lo fuesen por convicción y voluntariamente. Pero se calló en el error de casi imponerlo. Lo legislado era pasar por la Iglesia para el Bautismo.

Todos pasábamos por el bautismo. Luego primera comunión y confirmación. En mi caso he sido sensible a esa fe que me fue dada en el Bautismo. Y doy gracias a Dios por ese precioso regalo al que yo también quiero abrirme y abrazo con todas mis fuerzas. Sin embargo, hoy me pregunto, ¿qué ha sido de mi Bautismo? La Gracia que he recibido del Espíritu Santo, ¿la dejo actuar en mí? ¿Soy consciente de que tengo al Espíritu Santo y en Él puedo y debo crecer en sabiduría y fortaleza acompañado de la Gracia de Dios?

Pidamos al Espíritu de Dios que seamos capaces de crecer en sabiduría y santidad, y que por la Gracia, recibida en nuestro Bautismo, respondamos a ese compromiso sacerdotal, del cual hemos sido revestido. Tenemos la promesa del Señor que nos dice que quienes se bauticen y crean en Él se salvarán.  Y es eso lo que te pedimos, Señor en este momento de oración.

Momento de Gracia que vivo en este momento que hago esta oración-reflexión. Pues lo hago en la Iglesia de San Bernardo (Ermita de San Telmo) en Las Palmas, mientras espero a que de comienzo la celebración de la santa Eucaristía. Y doy gracias personalmente porque mi revisión  médica rutinaria ha salido bien. Pero el mejor regalo estar ahora aquí delante de Ti, Señor esperando participar en tu banquete Eucarístico para alimentarnos espiritualmente de tu Cuerpo y Sangre. Gracias, Señor, porque hemos dispuesto de este hermoso tiempo para poder estar.

Gracias, Señor, porque esta es la mejor medicina, tu Cuerpo y tu Sangre. El alimento espiritual que nos sostiene y nos da vida. Amén.