miércoles, 8 de abril de 2015

¿SUPONGO, SEÑOR, QUÉ A MÍ TAMBIÉN ME BUSCAS?



Por tu hijo Jesús, Padre del Cielo, sé que me quieres. Lo has enviado a una muerte de Cruz para salvarme. Y, Él, la ha aceptado libremente y voluntariamente. La primera pregunta que viene a mis labios es: ¿Tanto valgo para Ti, Padre mío? Porque a un Dios que entrega a su Hijo, hasta el extremo de morir en la Cruz, se le tiene que llamar Padre. 

Y al Hijo que acepta voluntariamente y libremente, no se le puede llamar sino Hermano. Pues, Él se ha abajado a nuestra altura, y se ha igualado, despojándose de su condición Divina, conmigo. Padre nuestro, gracias por hacerme hijo Tuyo y hermano de tu Hijo Amado.

Gracias, Señor, por buscarme, por no dejarme solo en el camino. Me conoces y sabes que soy presa fácil del desánimo y del abatimiento y me cuesta mucho reconocerte en mi oración. Ilumina mi mente y mi corazón para que sepa descubrirte y experimente esa cercanía que me llena de paz y amor. Gracias Señor.

Cristo resucitado, enciende el calor de mi fe y esperanza de tal manera, que en esta Pascua de resurrección, la vivencia de la caridad sea el distintivo de mi vida. Que sea capaz de dar pasos que me acerquen a ser reflejo de Ti, y de vivenciar en mi vida tu estilo de Vida. Que mi vida se apague para que tu Vida se ilumine en mi pobre vida y sea la Luz que dé testimonio de tu Palabra. 

Señor, alimenta mi vida con tu Cuerpo y Sangre, y dame la fuerza y la voluntad de renunciar a la vida de este mundo para, dándome y entregándome al servicio y caridad a los demás, encuentre el verdadero camino de alabarte y glorificarte. Amén.

1 comentario:

Daniel Espinoza dijo...

Muy bonito, feliz Pascua de resurrección.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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