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lunes, 6 de abril de 2015

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!



Los cristianos estamos hoy de enhorabuena, porque Jesús ha Resucitado. La Resurrección es el pilar y fundamento de nuestra fe. Sin ella nada tendría sentido, y Jesús no pasaría de ser un extraordinario Hombre, pero nada más. Por lo tanto, todas las especulaciones sobre la desaparición de su Cuerpo o inventos falsos no tienen sentido, pues sin la Resurrección la Iglesia hubiese desaparecido.

Eso esperaban también los judíos cuando los apóstoles empezaron, tras recibir al Espíritu Santo en Pentecostés, a proclamar la Buena Noticia. Se decían que si no era cosa de Dios todo acabaría con el tiempo. El resultado es que la Iglesia lleva 2015 años en pie contando desde el nacimiento de Jesús, a pesar de las dificultades, persecuciones y pecados. Signo evidente de que la asiste, la mantiene y dirige el Espíritu Santo.

Sentimos tu aliento, Señor, y te damos gracias por tu presencia entre nosotros. Sentimos tu aliento, Señor, cuando somos capaces de amar, de querernos, de darnos los unos a los otros y de renunciar a nuestros egoísmos por entregarnos al servicio de los demás. Sobre todo, experimentamos tu presencia en la alegría y el gozo que sentimos al hacer tu Voluntad de vivir tu Palabra en la entrega solidaria por hacer el bien común, y en la lucha por construir un mundo mejor.

No nos cabe ninguna duda que, cuando hacemos el bien, y es lo que sentimos dentro de nuestros corazones, experimentamos paz, gozo y felicidad. Y eso nos hace descubrir tu presencia, porque eso es lo que nos has enseñado y lo que nos propone. Experimentamos que es tu Espíritu, Señor, quien nos empuja y nos levanta en los momentos de debilidad y desvanecimiento. Nos sostiene la esperanza de mantenernos firme hasta tu segunda venida.

Gracias Señor por tu Resurrección. Gracias, Señor, por sostenernos y darnos la vida un año y otro en tu presencia. Gracias, Señor, por danos la Gracia de perseverar y de mantenernos fieles a tus mandatos con la alegría y la esperanza de sentirnos salvados para la eternidad. Amén.