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jueves, 30 de abril de 2015

EN LO PEQUEÑO E INDIGNO



Dame Señor la sabiduría de entender que Tú estás en lo humano de cada hombre. En lo que lo distingue como ser humano, sujeto al error, al vicio, al pecado, a la ignorancia, al fracaso y a la debilidad. Por eso necesitamos tu Perdón y tu Misericordia. 

Me da esperanza el saber, como me dices hoy, que Tú sabes bien a quienes has elegido, porque eso descubre que nos conoces y sabes de mis debilidades y pecados. Y esa elección tuya supone que me perdonas y me salvas. Yo aprovecho para pedirte hoy que me asistas para no perder esa oportunidad que me brindas.

Dame la Gracia de saber distinguir lo bueno de lo malo, y no pararme en tonterías exteriores de apariencias y distinciones que solo separan y se quedan en lo superficial, pero no bajan a lo profundo del corazón humano, donde se decide el bien o el mal. Esa es la cuestión, Señor, porque lejos de Ti quedamos a merced del mal y del pecado. Y solo en Ti encontramos el bien y la bondad; el amor y el perdón. Y quedamos apartado y protegidos del pecado.

No es lo sucio ni lo indigno lo que mancha tu Nombre, Señor, sino las malas intenciones, lo malo y pecaminoso que se fragua en el corazón del hombre soberbio, orgulloso y sufiencente. Porque, Tú, Señor, has venido para limpiar al que está sucio, y a darle dignidad al indigno. Por eso, tus preferencia son los pecadores, los pobres e indignos que se acercan a Ti rogandote perdón.

Dame, Señor, la Gracia de acercarme a Ti con esa humildad de sentirme perdonado, y con ese respeto de ser instrumento de tu Gracia para repartirte a los demás. Perdona Señor mis faltas, mis caídas, mis pecados, y dame la fuerza de levantarme para, en tu Espíritu, encontrar las fuerzas que me fortalezcan y me perfeccionen. Amén.

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