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domingo, 7 de febrero de 2016

SÓLO EN Y CON EL SEÑOR DAREMOS FRUTOS



Podemos pasarnos toda la noche pescando y, fatigados y cansados hasta la extenuación, no lograremos ningún resultado. Nuestra red estará siempre vacía. Sin embargo, con Jesús se llenará cuando El decida que sea así. La pesca milagrosa es un milagro que deja claro el poder del Señor, y el de nuestras fuerzas.

Muchas veces en la vida, creemos que las cosas suceden por nosotros, y que sin nosotros no saldrían. Algunos nos erigimos como imprescindibles y necesarios para sacar adelante el trabajo, y nos equivocamos al creerlo así. Necesitamos, como Pedro, fijarnos de la Palabra de Jesús.

 Hoy, el milagro de la pesca milagrosa nos descubre como cuando el Señor lo cree oportuno y necesario, la pesca se produce. El asombro de Pedro fue el detonante que le empujó a seguir al Señor al pedírselo. Nuestro esfuerzo es humano, pero en el Señor se hace divino y poderoso. 

Señor, danos la luz de no desfallecer y esperar siempre en Ti. Nuestros esfuerzos so baldíos cuando los hacemos pensando en nosotros. Y también nos desanimamos cuando ponemos las esperanzas en nuestras fuerzas o en la de los compañeros. Muchos nos agradecen lo que hacemos, y yo me sorprendo porque sé que eres Tú, Señor, quien me mueves y me das la luz y la inspiración para proclamarte y derramar tu Palabra.

Danos, Señor, la sabiduría de entender tu poder y la asistencia del Espíritu de Dios, y de sabernos invitados a remar mar adentro, donde las olas y las tempestades pueden ser peligrosas e impedirnos pescar, pero, por tu Gracia, sabemos que estando contigo llegará el momento de echar las redes y, injertados en Ti, conseguir buena pesca.

Gracias, Señor, por contar con nosotros. A pesar de nuestra debilidad, nuestra ignorancia, nuestra torpeza y nuestra inutilidad. Confiamos en Ti, y esperamos que Tú, si cuenta con nosotros, harás que cada uno de nosotros llenemos nuestras redes de pescado. Amén.

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