jueves, 18 de febrero de 2016

ENSÉÑAME A PEDIR, SEÑOR



A la hora de pedir miramos para las cosas materiales. Hacemos inventario de lo que tenemos, y queremos tener más. Más seguridad económica, de salud; más bienes y comodidades y vivir sin sobresaltos ni nada que nos perturbe. Quizás se nos olvida un poco que los demás desean lo mismo que nosotros, y con el mismo derecho.

Sin embargo no nos percatamos de las necesidades espirituales y de la esclavitud de nuestros sentimientos y pasiones. Quizás no ahondamos en nuestros apegos a muchas cosas que nos roban tiempo y paz para reflexionar y tomar conciencia del mundo en que vivimos y al que nos dirigimos. Quizás se nos olvida de pedir más paciencia, más sabiduría, más bondad, más justicia, más de todo aquello que tiene que ver con el la vivencia de cada día según la Voluntad de Dios.

En ese sentido debemos esforzarnos y pedir para saber pedir, valga la redundancia, aquello que es necesario y nos sirve para alcanzar la Misericordia de Dios. Que la tenemos seguro porque Él nos la da gratuitamente, pero que la podemos perder si nos alejamos del verdadero camino y nos dejamos llevar por los peligros del mundo, demonio y la carne.

Pidamos, todos juntos, desde este humilde rincón de oración, la Gracia de saber pedir, y de buscar y llamar para que, en el Espíritu Santo, seamos capaces de encontrar el verdadero camino que nos haga crecer en Gracia delante de nuestro Padre Dios.

Y nada mejor que, al acabar de leer este sencilla y breve reflexión, tomarnos de las manos virtualmente y , cerrados los ojos, decir: Padre nuestro que estás en los cielos...

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