domingo, 15 de mayo de 2016

ERES TÚ, SEÑOR, QUIEN NOS SOSTIENES EN TU ESPÍRITU




Sabes, Señor, de que pasta estamos hechos, y sabías que no nos podía dejar solos. Eso era darle la razón a Gamaliel (Hech 5, 38-39) cuando dijo que si esto era cosa de hombres acabaría pronto como ya habían acabado otras supuestas rebeliones o doctrinas. Y estaba en lo cierto, si esto lo hubiese emprendido un hombre, por muy listo y preparado que estuviese, todo hubiese sido en vano. Porque nosotros no somos capaces ni de decir una simple palabra sin tu presencia y tu asistencia. Tú, Señor, en el Espíritu Santo, hablas por nosotros.

Pero, volviendo al principio, Gamaliel y todos los que pensaron así, hasta tus propios apóstoles, asustados y temerosos. Recordamos a los de Emaús (Lc 24, 13-35), y también nosotros, todavía asustados, temerosos e inseguros, dudábamos de que tu Mensaje y tu Palabra fuera proclamada y perdurará en el tiempo. Y es lógico desde el punto de vista humano. Los hombres pensamos así. 

Pero, Tú, Señor, no eres un hombre. Tú eres el Hijo de Dios, Dios y Hombre Verdadero. Pedro, a quien Tú has elegido para dirigir tu Barca no dudó, asistido por el Espíritu Santo, en decirlo. Y, ahora nosotros, también lo decimos. Porque es en el Espíritu Santo donde encontramos la Luz y la Fortaleza para proclamar tu Palabra. Y también para esforzarnos en vivirla.

Te damos gracias, Señor, por este Inmenso regalo del Espíritu Santo, porque sin Él no podríamos continuar tu Obra Evangelizadora por los caminos del mundo. Y ahora, te pedimos también, Señor, luz y sabiduría para proclamar tu Buena Noticia de Salvación por este medio de Internet, la Blogosfera, a todos los rincones del planeta y, en nuestro casa particular, a través de Blogueros con el Papa. Cada cual desde donde el mismo Espíritu le ha colocado, según sus carismas. Pero unidos y junto al Papa.

Confiados en tu Misericordia y en la acción del Espíritu Santo, solemnidad que hoy celebramos, cantamos llenos de alegría y esperanza la presencia del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones. Amén.