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sábado, 7 de mayo de 2016

ESPERANZADOS EN TU REGRESO, SEÑOR.



La vida puede convertirse en un infierno sin la presencia de Dios, porque fuera de Él no hay esperanza ni paz gozosa. En el mejor de los casos, una vida vivida alejado de Dios es pobre, vacía y sin esperanza, porque la temporalidad y caducidad del gozo encontrado es contradictorio a nuestras más y profundas aspiraciones. 

Se nota en la gente, que por su edad están cerca de la muerte, que tratan de huir de la realidad hundiéndose en los placeres mundanos que ya ni les sabe a nada. Realmente, vivir sin esperanza es descorazonador, y vemos como la gente se auto engaña y no reaccionan. El diablo sabe como preparar el terreno conociendo nuestros apegos, apetencias y debilidades.

Claro, tú y yo queremos ser felices. Felices de inmediato. Eso de tener que esperar no lo entendemos y nos desespera. Y cambiamos esa felicidad eterna por una caduca y temporal. Son los placeres que encontramos aquí abajo. Pueden darnos algo de gozo, pero efímero y caduco. Y ese tipo de felicidad que ofrece este mundo no nos vale, porque nos da una alegría, ya lo hemos dicho, temporal y caduca.

Sabemos que llegara el fin y con él el llanto y sufrimiento. Eso es lo que nos espera. Sin embargo, a pesar de los sufrimientos y tristezas que podamos padecer en este mundo, injertados en Xto. Jesús los soportamos con paciencia y fortaleza en la esperanza de que, un día, terminará y entraremos en el gozo pleno y eterno del Dios Trino y Misericordioso.

Por eso, pidamos en esa línea todo lo que necesitamos:  fe, paciencia, sabiduría, inteligencia, mansedumbre, generosidad, desprendimiento, voluntad, fortaleza, perseverancia, constancia y caridad, para que revestidos de esa Gracia podamos vivir y caminar en su presencia resistiéndonos a toda tentación mundana que nos amenace con separarnos del Señor.

En la confianza de que el Señor, según sus Palabras en el Evangelio de hoy, nos escucha y en su Nombre , el Padre que nos quiere, nos atiende, derramemos nuestras plegarias de petición confiados en que seremos correspondidos y escuchados. Amén.