Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

jueves, 16 de agosto de 2018

UNA LUCHA DIFÍCIL CADA DÍA

Resultado de imagen de Mt 18,21—19,1 por Fano
No es fácil perdonar. Es el caballo de batalla cada día porque todos estamos necesitados de perdón. Reconocer y confesar que somos pecadores conlleva necesariamente la necesidad de ser perdonados. Unas veces por distracción, otras por nuestra causa y otras por terceros, nuestras vidas está cargadas de errores y faltas de las que imploramos ser comprendidos y perdona- dos.

El perdón es algo consustancial a nuestra propia realidad. Nacemos ya en pecado y es con el bautismo con el que nos limpiamos por primera vez. Es nuestro nuevo nacimiento -Jn 3, 1-21- por el que quedamos incorporados a Cristo e hijos de Dios. Gozamos de la misma Vida de Cristo y sólo perdemos esa confesión con el pecado. Al que somos proclive a cometer.

Por eso necesitamos perdón y asistencia divina. Es la misión del Espíritu Santo que nos acompaña y nos auxilia para fortalecernos en la lucha diaria contra las seducciones y tentaciones del mundo que nos presenta el demonio. Y, tanto necesitamos el perdón, por y la Misericordia de Dios, que también nosotros ofrecer nuestro perdón y nuestra misericordia. Porque, para ser perdonados necesitamos nosotros perdonar.

Esa es la medida. Seremos perdonados en cuanto nosotros también perdonemos. O dicho de otra forma, mis pecados serán perdonados si yo también perdono los pecados de los otros. Y todos los pecados, porque si dejo uno ese tampoco me será perdonado a mí. La parábola que hoy nos presenta el Evangelio nos lo deja meridianamente claro.

Aprovechamos, Señor, para pedirte paz, sabiduría y fortaleza con el objetivo de saber, con serenidad y sosiego, cuándo y cómo tenemos que perdonar y cuándo y cómo soportar con fortaleza y paciencia las embestidas de aquellos a los que tenemos que ofrecer nuestro perdón. Danos, Señor, la Gracia y la paciencia divina para perdonar como Tú nos perdonas a cada uno de nosotros. Amén.

miércoles, 15 de agosto de 2018

MARÍA, MADRE DE DIOS

Resultado de imagen de María asunta al Cielo
Te quedas con la boca abierta cuando tomas conciencia que María, esa joven sencilla, humilde y tan normal fue elegida para ser nada más y nada menos que la Madre de Dios. María, de la que hoy la Iglesia católica celebra su Asunción a los cielos, dogma de fe que todo cristiano acepta y cree de forma absoluta. Y es que es tan normal y lógico que sería un disparate absurdo no creer o pensar lo contrario.

Estaba ya en el ambiente y aceptado por todo cristiano. ¿Cómo no va a llevar y a pedirle al Padre que suba al Cielo a su Madre? ¿Hay algún hijo que no quiera para su madre lo mejor? Y es que somos tan pequeños que no nos cabe en la cabeza que una mujer tan sencilla, humilde y entresacada del pueblo sea elegida para ser la Madre de Dios.

¿Qué méritos puede haber hecho María?¿Es qué podemos hacer méritos para merecer algo delante de Dios? La elección de María y la del pueblo de Israel, como pueblo de Dios, no podemos entenderlo. Al menos a mí no me cabe en mi pobre y limitada cabeza. Sin embargo, algo tuvo y tiene María para ser elegida Madre Dios, y también Madre nuestra. Destaca su humildad y su obediencia. Humilde para, siendo la Madre de Dios, permanecer al mismo nivel que los pobres y los pequeños, los preferidos de su Hijo. Humilde y sencilla para, no esperar ser servida, sino estar disponible a servir.

Y, sobre todo, confiada en la Voluntad de Dios. Un Dios al que somete libremente su voluntad y del que se fía según su Palabra. Y, María, entregada a la Voluntad de Dios queda llena de Gracia y de todas las virtudes que deben acompañar a la Madre de las Madres. 

En este día celebrativo, donde no hay ningún pueblo que deje de recordarte y proclamar tu grandeza, Madre, queremos pedirte que nos acompañes e intercedas por todos nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte, para que vivamos siempre en la presencia y en la Palabra de tu Hijo, nuestro Señor Jesús. Amén.

martes, 14 de agosto de 2018

ENCERRADOS EN NUESTROS PLANES

Resultado de imagen de Mt 18,1-5.10.12-14
Muchas veces no nos damos cuenta que tenemos los oídos y los ojos cerrados. Creyendo oír no oímos, y creyendo ver no vemos. No es nada nuevo, ya se nos ha dicho muy claramente en la Biblia - Mt 13, 13-14 - pero nosotros erre que erre. No aprendemos y seguimos ciegos creyendo que nuestros proyectos son mejores y los adecuados. Y tratamos, en consecuencia, educar a nuestros hijos al margen de lo que Espíritu Santo nos sugiere y nos señala.

Eso sí, los hemos bautizado, pero, ¿para qué si luego no le hacemos caso al Espíritu Santo? Y educamos a nuestros hijos para que sean mayores según nuestras ideas. ¿Y qué pensamos?, pues, que para ser de los primeros hay que estar preparado, saber mucho y tener varios títulos. Es decir, ser importantes y desempeñar cargos importantes. Lo pequeño lo dejamos para los pequeños.

Volvemos a meter la pata, porque, sin estar reñido con prepararse y conseguir la mejor formación y titulación, la grandeza se esconde en el servicio, en el abajamiento para, al mismo nivel que los más pequeños, servirles y atenderles en sus carencias más destacadas. La grandeza y los primeros puestos se esconden en ocupar los últimos puestos y los más bajos, porque cuando te quedas el último, para servir y por amor, estás realmente ocupando el primer puesto.

¿Qué nos enseñó Jesús? ¿No fue eso? Él, siendo el Primero y el más Importante, Creador de todo lo que se ve y no se ve, se abajó de tal manera que se hizo igual que el hombre, menos en el pecado, y todo para servirlo hasta el extremos de entregar su Vida para salvarlo. ¿Y tú y yo queremos seguirle haciendo lo que a nosotros se nos ocurre o creemos? Reconozcamos nuestra ignorancia y nuestros pecados y pidamos que, en el Espíritu Santo, nuestros corazones sean transformados y renovados en semejanza con el del Señor. Amén.

lunes, 13 de agosto de 2018

LA PUERTA QUE NOS LLEVA A UNIRNOS AL SEÑOR

Resultado de imagen de Mt 17,22-27
En cierta ocasión Jesús nos dice que tenemos que nacer de nuevo para poder reunirnos con Él. Nos lo dice cuando habla con Nicodemo -Jn 3, 4-5- respecto a la necesidad de nacer de nuevo para entrar en el reino de los cielos. La muerte no debe asustarnos tanto y eso explica la fortaleza de muchos - mártires - en los momentos de poner sus vidas en peligro de muerte.

Jesús nos anuncia también su Pasión y Muerte, y, a pesar de que la muerte siempre nos entristece, pues no podemos escapar a nuestra condición humana, el triunfo de la vida nos invade de alegría y de esperanza. Es esa sabiduría y esa esperanza la que hoy recogemos en nuestros corazones y, juntos, elevamos al Señor para que comprendamos la importancia de estar en Él cuando llegue ese momento glorioso de compartir nuestra muerte con Él.

Abramos nuestros ojos y entendamos que estamos salvados porque Jesús paga, como hizo con Pedro, los tributos que los hombres nos imponen. Somos hijos libres y el Señor no nos impone ningún impuestos. Ha venido a darnos la Gracia de la Salvación gratuita y nos salva siempre y cuando esa vestidura blanca de pureza que hemos recibido en la hora de nuestro Bautismos la mantengamos limpia, por su Gracia, en el camino de nuestra vida.

Y en Él lo haremos, por eso no caminamos solos sino acompañados del Espíritu Santo para que nada nos la pueda arrebatar. Si, Padre, en ti confiamos y junto a tu Hijo recorremos el camino de nuestra vida confiado en que, a pesar de ser crucificado y muerte Resucitará, para que también nosotros, a la hora de nuestra muerte, resucitemos. Amén.

domingo, 12 de agosto de 2018

SUJETOS A LA CARNE

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A veces cuando hablo con alguien que se resiste a creer saca a relucir lo que realmente no se puede explicar ni cabe en nuestra cabeza. Con cierta riza irónica se asombra de que pueda creer que el nacimiento de Jesús ocurrió de la manera que la Biblia lo describe. No entienden como una mujer virgen pueda haber dado a luz. Están pegados a la carne y a la sangre.

Por otro lado se agarran a la razón y no creen lo que no pueden entender o no han visto. Les gusta mucho eso de argumentar científicamente, pero, a pesar de eso, dan muchas cosas por hechas sin ninguna prueba científica. ¿Quién hizo el mundo? ¿Se ha hecho a sí mismo? ¿Quién ha puesto dentro de nosotros ese deseo de felicidad eterna? Y muchas preguntas más que los científicos no pueden responder.

La clave es Jesús. Ese es mi argumento principal. Aparece Jesús y con su Vida y sus Obras revela al Padre que lo ha enviado. Ese Dios creador del mundo presenta a su Hijo entre los hombres y, en Él, cumple todas sus promesas, y por Él, por los méritos de su Pasión y Muerte, nos rescata y redime para la salvación eterna. Él es el Pan que da Vida y que no muere. Hasta entonces todo lo que Dios había dado a su pueblo tras la liberación de Egipto era alimento perecedero que no da vida eterna. Ahora es otra cosa, este sí es el Pan verdadero que salva y da Vida Eterna.

Jesús es la salvación que el Padre nos había prometido y que nos lo presenta en el Jordán. Él lo explica todo y desde Él se entiende todo. Su Resurrección es el fundamento de nuestra fe. En Él dejamos todas nuestras dudas, nuestros inexplicables razonamientos, nuestras esperanzas y nos abandonamos en sus brazos. Porque, Tú, Señor, eres el Pan que nos salva y que nos das la Vida Eterna. Amén.

sábado, 11 de agosto de 2018

TU FE DARÁ LA MEDIDA DE TUS MILAGROS

Resultado de imagen de Mt 17,14-20
Para Dios no hay nada imposible. Es el Creador y dueño de todo lo visible e invisible. Por lo tanto, capaz de cambiar todo sólo con su pensamiento. Él ha creado las leyes gravitatorias y todo lo que el hombre ha ido descubriendo. Ha creado el cerebro del hombre y su pensamiento, y lo ha dejado libre para que pueda orientar su camino hacia su verdadero Hacedor.

Sin embargo, la soberbia y la avaricia del hombre le han perdido y le han enfrentado a su Creador, y así su naturaleza humana, antes salvada, ahora está sometida a la lucha de cada día contra su mayor enemigo - el Maligno - que le engaña y seduce con los aparentes placeres y satisfacciones de este mundo, que pronto desaparecen y vuelven a dejarle sediento y hambriento.

Necesitamos tener fe, pero una fe firme, sólida y sostenida en la oración, los sacramentos y la comunidad. Una fe que, injertada en Jesús, sea capaz de hacer el milagro de no dejarnos vencer ni engañar por las tentaciones del demonio. Una fe que crea que en el Señor podemos mover las montañas de nuestra soberbia, avaricia, orgullo, egoísmo e insolidaridad. Una fe que nos dé perseverancia y fortaleza ante las tentaciones del pecado. Una fe que nos levante cada día para continuar la lucha contra el mundo que quiere absorbernos y tragarnos. Una fe sostenida en el amor.

Tengamos fe a pesar de la oscuridad de cada noche y del amanecer de cada día. Tengamos fe, porque con el aclarar de cada día nace la esperanza de un mundo mejor, de una vida vivida en la verdad, en la esperanza y justicia de que todos los hombres puede amarse y construir un mundo como siente en lo más profundo de sus corazones. Una fe que nos haga soñar esperanzado en una Vida Eterna junto al Padre Eterno. Amén.

viernes, 10 de agosto de 2018

EL MIEDO NOS PARALIZA Y NOS INFUNDE DESEOS DE ABANDONO

Resultado de imagen de Jn 12,24-26 por Fano
HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


No sería normal actuar con valentía y sin miedo; no sería normal responder con alegría y valor a todas las amenazas y peligros que, por Jesús, sufrimos y padecemos. Lo normal sería tener miedo, quedarnos paralizados y hasta pensar en abandonar. Antes que nosotros lo sufrieron sus apóstoles y discípulos y muchos más después que, llegado el momento, lo superaron respondiendo con fe a los peligros y amenazas y convirtiéndose en mártires al entregar sus vidas por defender su fe en Jesús.

El miedo nos paraliza y nos infunde deseos de abandonar. ¡Claro que sí!, no somos de hierro y sentimos miedo y dolor, pero, nuestra fe nos da valor, impulso y fortaleza para superar esos momentos inimaginables a los que, quizás en estos momentos,  nos somos capaces de enfrentarnos. Nunca perdamos de vista que el Espíritu Santo está con nosotros y en esos momentos también. Él no se retira ni huye ni se va. Está ahí y nos dará la fortaleza para soportar con valentía y entereza los momentos de entregar nuestras vidas como hizo nuestro Señor Jesús.

Es verdad, yo el primero, que experimentamos miedo y nos sentimos incapaces de padecer y dar la vida como tantos otros, ya mártir, la han dado por defender su fe. Pero, no perdamos la confianza y la fe que el Espíritu está a nuestro lado, no para vernos sufrir, sino para darnos vigor, valentía, valor, sabiduría y poner las palabras que necesitamos en nuestros labios para dar alabanzas y glorias al Señor. Claro, así todos seremos fuertes para dar nuestras vidas por el Señor.

Y así muchos la están dando hoy en la India, Nicaragua, Guatemala, Siria, Nigeria, el Salvador y otros lugares del mundo. Pidamos, unidos a todos los que sufren persecuciones y padecimientos por su fe, para que siempre seamos firmes y fieles, auxiliados por el Espíritu Santo, a confesar y dar la vida por el Señor. Amén.