lunes, 21 de diciembre de 2015

DANOS, SEÑOR, LA FE DE MARÍA



Todo está profetizado, y todo se cumple en Jesús. Su nacimiento había sido anunciado por el profeta Isaías, y, llegado el momento, se cumplió. (Is 7,14b-15): Mirad : la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa «Dios-con-nosotros»). Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

Hay pruebas de la Divinidad de Jesús que son admirables y dan fe de su autenticidad y verdad. Pero, sin darnos cuenta, nos cegamos y sólo pensamos por nuestra razón y lo que ella alcanza. Nos limitamos y nos dejamos esclavizar por nuestro orgullo y soberbia. Y, sin darnos cuenta, nos perdemos. Porque esa ceguera no nos permitirá tampoco ver nuestra perdida.

Por eso, Señor, queremos pedirte de nuevo que aumentes nuestra fe, para que no desfallezcamos ni abandonemos de seguir tus pasos. A pesar de nuestros tropiezos y de que las cosas se tuerzan en nuestra vida. Nuestra fe nos lleva a Ti y nos da esperanza. Porque sin esperanza no se puede vivir. ¿A qué aspiramos si Tú, Señor, desapareces de nuestra vida? Tu presencia nos alienta y nos da esperanza.

Danos Señor la fe de tu Madre María, y, como ella, guardemos conscientemente todas estas cosas buenas dentro de nuestro corazón sin pestañear ni protestar. Tú tienes Palabra de Vida Eterna, y en Ti confiamos, Señor, y te seguimos a donde quieras que vayas.

Hay momentos en la vida que los problemas se amontonan, y nos hacen zozobrar la barca. Danos, Señor, la fortaleza de soportar las tempestades erguidos sin irnos al fondo. En ti confiamos, Señor, y con tu Madre María, queremos pedirte que nos llenes de tu Gracia y nos aumentes la fe. Amén.