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sábado, 27 de mayo de 2017

SÓLO LA FE NOS SALVARÁ

No cabe duda que la fe implica obras, y es de sentido común que quien tiene fe, tendrá también obras. Te pido perdón, Señor, porque mi oración es débil y distraída. Una oración que habla, pero que, quizás, no confía ni se compromete; una oración mecánica, rutinaria, de cumplimiento y de hábitos. Una oración que no baja a mi vida y no sólo la cuestiona, sino que no la mueve ni la compromete.

No es que yo la quiera así, ni tampoco que me conforme, pero no encuentro la salida y temo quemarme y cansarme, e, incluso, abandonar. Y ante tal debilidad y tentación, Señor aprovecho tu invitación para pedirte que me afirmes en la fe y la fortalezca dentro de mi corazón.

Por eso, hoy, Señor, aprovecho tu ofrecimiento en el Evangelio sobre la oración de petición, y quiero pedirle al Padre, apoyado en Ti y en tu Nombre, que no sólo aumentes mi fe, sino que me la fortalezcas y vigorices afirmándola sobre esa roca que es tu Iglesia con el primado de Pedro a la cabeza. Iglesia que Tú, Señor, has fundado sobre tus apóstoles con Pedro como primado.

Te pido, Padre, en Nombre de tu Hijo que me inundes de una fe que, no sólo parezca, sino que también se vea y note. Una fe que se mueva y comprometa; una fe que empuje y cuestione mi vida, y una fe que me lleve a la vida aceptando mi pasión hasta la cruz. Mi propia cruz que quiero compartir contigo ofreciéndotela por amor. Y eso, Señor, sé que no puedo lograrlo  por mí mismo, sino por el don de Tu Gracia, que nos da la fe y todo lo necesario para poder servirte y amar como Tú nos amas.

Por eso, en estos momentos de oración, quiero pedirle al Padre sólo una cosa: "La Fe". Una fe que me lleve, Señor a estar unido a Ti y a los hermanos. Una fe que crezca y viva en la unidad de la Iglesia y que de frutos en una comunidad de amor. Amén.

1 comentario:

Felicitas dijo...

vivimos tiempos recios, como diría nuestra hermana celestial Santa Teresa. Afiancemos nuestra fe en únicamente Aquel que todo lo puede, Aquel que nos ama infinitamente, Aquel que nunca falla, nunca traiciona, sino siempre espera misericordioso que nos acerquemos a él, le pidamos perdón por nuestros pecados y confiemos en que siempre está dispuesto a perdonar, sanar, purificar, santificiar y deificar al hombre. Para eso ha venido. Para eso ha sufrido, muerto y resucitado. Es la nueva Vida eterna que Él nos regala, a los que creemos en Él y queremos amarle. Vida que comienza aquí, con la certeza y vivencia de la inhabitación de los divinos 3 en nuestro corazón. En tu corazón moran, viven, están siempre presentes. Cultivemos esa amistad, esa relación maravillosa con el Dios del Amor, para que nada de lo externo pueda hundirnos, como pretende el enemigo. ¡Animo, y adelante! Si Dios con nosotros, ¿quién en contra nuestra?
Un saludo cordial