
Tu presencia entre nosotros, aunque no te vemos, es la misma que cuando estaba encarnado y anunciabas la Buena Noticia. Y con la misma Misericordia y Amor nos sigues amando y perdonando. Por todo ello, Señor, te doy gracias y te pido que me sostengas en tu presencia cada instante de mi vida y fortalezcas mi voluntad para vivir haciendo tu Voluntad y no la mía. Porque, mi felicidad, Señor, estará en hacer todo lo que Tú me vayas señalando a través del Espíritu Santo, que sabe lo que me conviene mejor que yo.
Dame, Señor, la sabiduría que necesito, no más, para saber escoger el verdadero camino por donde Tú quieres que vaya y para superar y vencer todas las dificultades y tentaciones que me salen al paso para desviarme de tu camino y alejarme de Ti. Seguro y confiado, a pesar de no comprender todo lo que me ocurre en el camino que me conduce a Ti, avanzo esperanzado y confiado que lo que me ocurre es lo que más me conviene porque viene de Ti. Gracias, Señor. Amén.
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