jueves, 9 de junio de 2016

LA META ES LA SANTIDAD



No debemos asustarnos, porque dicho así nos parecerá imposible llegar a ser santos. Pero la verdad es que Dios, nuestro Padre, nos ha creado para ser santos. ¿Hemos reparado en ello? Nuestra meta es la santidad, y es la que debemos cumplir. Ese es nuestro mayor Ideal. Todos los demás, que nos vamos proponiendo en la medida que crecemos en estatura y madurez son secundarios. La santidad, como crecía Jesús, además de estatura y madurez, es nuestro principal objetivo y meta.

¿Cómo es posible que nos quedemos en la primera comunión? Porque hasta ahí muchos, la mayoría, de nuestros padres, nos conducen a la Iglesia a conocer a Jesús y hacer nuestra primera comunión. Pero, ¿luego? Todo se queda como nos ha advertido Jesús en la parábola del sembrador, Mt 13, 3-9. Seguramente somos los del pedregal, donde no había mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra, pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. O quizás los de los abrojos, que al crecer los abrojos nos ahogaron.

Así parece ser nuestra semilla, que florece rápida y alegre, pero pronto se marchita y se pierde. ¿Qué ha quedado de esa alegría de la primera comunión? ¿En qué lugar del camino estamos hacia nuestra santidad? Y la responsabilidad no es nuestra solamente, también de nuestros padres y padrinos. ¡Dios mío, tendremos que pedir mucho perdón! Danos, Señor, paciencia y esperanza para sostenernos en tu Misericordia.

A pesar de lo imposible de la misión santificadora, no podemos olvidar que es Palabra de Dios. Nuestro Padre nos quiere santo, y para ello nos ha creado. Y si nos lo ha dicho así es porque podemos. Claro, no con nuestras fuerzas solamente, sino contado con Él en todo momento. Si no, ¿para qué se ha quedado el Espíritu Santo con nosotros? No simplemente para acompañarnos, sino para fortalecernos, para darnos sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, y poder así alcanzar la santidad.

Pidamos convencido esa Gracia, que el Señor nos dará complacido y con total seguridad, porque ha enviado a su Hijo precisamente para eso, para que seamos perfecto como Él es perfecto Mt 5,46-48.

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