jueves, 2 de junio de 2016

UN AMOR QUE EXIGE RENUNCIA Y DESPRENDIMIENTOS



Todo está contenido en lo mismo. No hay más. El egoísmo de administrar tu propia vida y no compartirla te separa del otro y te impide amarlo. Cuando no se ama es porque no se comprende. La misericordia exige fundamentalmente eso, comprender. No persigue ni busca justicia, sino comprensión. Y al comprender, perdonas. Perdonas lo injustamente hecho.

Porque perdonar no es que no se reconozca el error, la falta o pecado, sino que se comprende la debilidad, la necedad, la fuerza del egoísmo que ha llegado a vencerte y hacerte errar. Misericordia quiero y no sacrificios (Mt 9, 13), dice el Señor. Esa es la clave de nuestro amor. Realmente amamos cuando somos capaces de ser misericordiosos. No como a nosotros nos gustaría o pensamos, sino como el Padre es con nosotros. La medicina es el ejercicio del esfuerzo de parecernos con el Padre.

Y eso ya sabemos que ruta nos marca. Reflexión y escucha de la Palabra, Penitencia y Eucaristía. Todo lo demás irá viniendo por el camino. Y sobre esa Roca, que es la Palabra y la Eucaristía, se construye el único y verdadero amor. Un amor que no se escapa de tempestades, de tormentas y fracasos, pero un amor que, apoyado en la acción del Espíritu, está capacitado y preparado para soportarlo todo. Un amor capaz de exigirse renuncias y desprendimientos, y capaz de madurar y crecer hasta gozar en el darse más que en el recibir.

Pero llegar a ese momento y experiencias exigen un camino y un dolor. No es fácil, pero sí es posible. Posible si se recorre bien acompañado. La verdad no se aprende en los libros, sino en el propio camino. Tampoco está en el cambio, sino en la actitud del que quiere cambiar. No se trata de buscar en otros lo que no encuentras en el tuyo, porque eres tú y el otro quienes tienen que experimentar esas renuncias que exigen, y esos desprendimientos que buscan.

Sólo quien ha sido capaz de renunciar a su Divinidad, tomando naturaleza humana y despojándose de todo rango, sabe entender eso. Por eso es el Único que tiene autoridad para decirnos que: "Ámense como Yo les he amado". Y eso te pedimos, Señor. Amén.