martes, 11 de marzo de 2014

PERDONA SEÑOR TANTAS MENTIRAS



Si me preguntan que pienso de mí, la primera intención que se apodera de mi mente es que no soy mala persona aunque soy consciente de mis fallos, errores y pecados. Sería de fanfarrón y engreído no reconocer mis limitaciones y faltas, pero no se trata simplemente de eso. Se trata de las innumerables ocasiones que falto a mi palabra y cometo pecados contra el Señor y mis hermanos los hombres.

Simplemente mirar la oración del Padre nuestro y reflexionarla, me hace tomar conciencia de las veces que caigo y falto a mi promesa. ¡Y cuántas veces rezo el Padre nuestro al día! En mi caso unas diez o más. Le pido al Padre que se haga su Voluntad, pero persigo la mía, por mucha voluntad que ponga en hacer la del Señor. Y, a pesar de pedirle por el pan de cada día y porque aumente más mi amor y mi desprendimiento de las cosas de este mundo, me experimento pegado a él.

Si de perdonar se trata, temo lo mucho que me cuesta, sobre todo cuando se trata de enemigos. Sin embargo, toda esa experiencia me ayuda a descubrirme pobre, pequeño, imperfecto y necesitado. Y recuerdo que el Señor viene a sanar a los enfermos y a salvar a los pecadores, y yo soy uno de esos pobres y pecadores. Por eso salto exultante de gozo y de alegría.

Gracias Señor por venir a salvarme. Te pido que me hagas más desprendido y me des la Gracia de santificar tu Nombre, de buscar tu Reino, de hacer tu Voluntad, de perdonar a los que me ofenden y de pedirte sólo aquello que sirve para seguir tu camino.

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