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Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios

lunes, 8 de diciembre de 2014

TAMBIÉN YO SOY VISITADO



No pensemos que nuestro Padre Dios visitó sólo a María. María fue la puerta para que el Señor se encarnara, y, y de esa manera, hecho carne como nosotros, visitarnos también a cada uno de nosotros. El Señor te invita a que le dejes nacer cada día en tu corazón. Te anuncia, como a María, que eres lleno de Gracia y espera tu sí como se lo dio María, su Madre.

No hay diferencias, sino que María dijo sí y tú y yo nos lo pensamos y todavía no hemos respondido de forma clara y firme. Hoy, y cada día, es tiempo favorable para decir "Sí". Un sí firme como el que dio María y abrirle las puertas de nuestros corazones al Espíritu de Dios, y someternos a su Voluntad despojándonos de la nuestra. 

Te pedimos Espíritu Santo que tomes nuestro corazón y hagas de nosotros esclavos del Señor, como María, su Madre, y se haga su Voluntad en nuestros corazones. Haz que cada día de este adviento sepamos decir que sí al anuncio de salvación que Juan el Bautista nos propone, y de preparar nuestro corazón arrepentido para entregarlo al Espíritu que nos purifica y nos fortalece.

No estamos en el desierto, Señor, pero queremos hacer de nuestro interior un desierto que nos ayude a meditar, a despojarnos y a apartarnos de todos aquellos ruidos que nos impiden oírte y escucharte. Sabemos que para nosotros es imposible lograrlo, pero contigo y en tu Espíritu podemos conseguirlo.

Sé, Señor, que en Ti puedo confiar y abandonarme, en y con la esperanza, de ir transformando las apegos y pasiones de mi corazón en desprendimientos y generosidad de actos de amor. Amén.

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