martes, 9 de junio de 2015

EL RETO DE SER SAL Y LUZ



Diremos que no mete goles aquel que no tira a puerta. Es lógico que para marcar hay que tirar y quien no tira no falla, pero tampoco marca. El riesgo es imprescindible para conseguir algo, y para ser sal y luz hay primero que vivir para luego contagiar y alumbrar.

Quien no se preocupa por nada, difícilmente tiene oportunidades para comprometerse y darse, y menos para ser sal o luz. Ser sal necesita transparencia, sencillez, humildad, servicio y obras, porque sin obras la sal no sala, ni la luz alumbra. Pero tampoco la sal y la luz, solo con obras, salan y alumbran, necesitan la verdadera Sal y la verdadera Luz para que, sus obras, den el punto salado y la luz necesaria que reflejen el Rostro del Señor.

Aparta de nosotros, Señor, la tentación de querer salar y alumbrar con la sal y la luz de mi propia vida sin contar contigo, porque Tú eres la Verdadera Sal y Luz que salas y alumbras mi vida y la de los demás. Dame la capacidad de, como la sal y luz, ser instrumento para endulzar y señalar de forma nítida los caminos por los que Tú, Señor, quieres hacerte el encontradizo con cada uno de nosotros. Y de transmitirlo con mi vida y palabra por la acción del Espíritu Santo.

Dame la valentía de aceptar el reto de hacer de mi vida sal y luz para dar sentido y claridad a a la vida de todos aquellos con los que tropiezo y me relaciona. Dame la sabiduría de saber hablarles no solo con palabras, sino también con mi vida. Pero, sobre todo, saber escucharles guardando silencio y respetando sus ideas a pesar de que a mí me parezcan torcidas.

Quizás muchos esperan tu oposición y disputa para que les sirvas como prueba y ejemplo que les asista para justificar su rechazo. Porque no se trata de convencer, sino de proponer con amor que Jesús busca y quiere nuestra salvación.

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