sábado, 27 de junio de 2015

ANTE TI, SEÑOR, ME POSTRO CON LA ESPERANZA DE QUE AUMENTES MI FE



No tengo otra súplica en mis labios que la de pedirte, Señor, la fe. La fe que necesito desesperadamente como agua fresca que alivia mi corazón y que alimenta mi alma y me perseverar hacia Ti. Hoy, como el centurión ayer, te suplico que, si quieres, me fe crezca y me dé las fuerzas necesarias para servirte mejor en los hermanos. Para eso te pidió el centurión tu mediación.

Sé que si no la recibo es porque quizás no estoy lo suficientemente preparado. Y eso es mi culpa, mi gran culpa. Tú me conoces mejor que nadie, y sabes los secretos de mi corazón. Sabes de mis capacidades, de mis fuerzas y voluntades, y de lo que soy capaz. Quizás una fe mayor no la podría resistir y acabaría con la poca que pueda tener. Pedro vivió una experiencia de ese tipo cuando te prometió fidelidad y falló. Lloró amargamente.

Tú, Señor, sabes lo que me conviene y también lo que necesito a cada instante, y yo en Ti confío. Permíteme Señor caminar agarrado a Ti y cogido de tu Mano. No sabría donde ir ni qué dirección tomar. Tú eres mi guía, mi norte y mi rumbo. Guíame Señor por el camino de tu amor y aumenta mi fe. Amén.

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