miércoles, 15 de julio de 2015

CUANDO ESTOY CERCA EXPERIMENTO QUE ME ALEJO



Es algo extraño. Cuando experimento que estoy cerca es cuando más lejos me siento. Quiero decir que cuando te sientes bien y crees estar satisfecho por estar respondiendo a la llamada del Señor, experimentas que te alejas. Ese deseo de perfección, de sentirte, si no perfecto, sí merecedor de la Misericordia del Señor te hace descubrir la realidad: Experimentas la lejanía y la pobreza.

¡Qué lejos me siento, Señor! Impotente, indigno, fracasado, pecador, lleno de defectos, apegos, limitaciones y apetencias que emergen mi humanidad, mi pobreza y mis miserias. Miro a mi derredor y advierto toda mi miseria y experimento una vez más, y te doy gracias, Señor, que todo es Misericordia tuya. Nada merezco y todo viene de tu Gracia y tu Amor.

Y descubrir que me has dado el don de la fe y la sabiduría de advertir esta experiencia de humildad y de reconocimiento de tu Gracia, es la maravilla que nunca entenderé hasta que me concedas la Gracia de estar en tu presencia y revelarme el misterio. Por eso, aparte de darte las gracias, te suplico Señor que me llenes de paciencia y perseverancia para que mi voluntad y libertad no caigan esclava de las tentaciones de este mundo.

Cada día es una lucha, y cada día necesito la fuerza de tu Espíritu para sobreponerme y poder vencer las tentaciones, obstáculos y dificultades que salen a mi paso. Cada día es una nueva experiencia de tu Amor, y una nueva oportunidad de ofrecerte libremente mi esfuerzo por seguirte y responder a mi fidelidad a tu Palabra. Y me siento débil y vencido en muchos momentos; y me siento abatido y sin voluntad para rezar como pienso debería hacerlo. Y me siento mal.

Pero no quiero dejarte, ni tampoco serte infiel. Sé que con mis fuerzas no podré, pero sé que con tu Gracia todo lo puedo. Y es eso lo que te pido sabiendo que Tú me escuchas y me lo concedes. Porque Tú me quieres contigo. Me lo has demostrado en la Cruz.

Tómame, Señor, y no dejes escapar mi vida de tu presencia, porque yo quiero ser tuyo, y Tú me has creado para que lo sea. Dame, Señor, la Gracia de la sabiduría, fortaleza y paz. Amén.

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