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sábado, 11 de julio de 2015

NO ES FÁCIL SEGUIRTE, SEÑOR



Nada fácil. Sería mala señal que fuese fácil, porque, por experiencia, lo valioso cuesta esfuerzo y mucho trabajo. De tal forma que lo fácil pierde todo su valor. Es, entonces, buena señal que se haga duro y difícil intentar seguir al Señor.

Y es que experimentar darse y renunciar a tu yo y egoísmo se hace muy duro. Es complicarte la vida y luchar cada día contra tus apegos, preferencias, gustos, satifacciones teniendo en cuenta, muy en cuenta lo justo y digno del bienestar del otro. No hablamos de sufrir tú para que goce el otro. Eso sería hacer el tonto. ¡No!, se trata de que el otro, el necesitado, excluido, desposeído y pobre tengan una vida digna y al nivel que exige la propia dignidad humana.

Y simplemente por eso es necesario tu amor y el mío. Y es en esa línea donde gira tu propio despojo y tu solidaridad por compartir con el otro. Si esa actitud, que germina en el corazón de todo hombre, fuese cultivada y bien trabajada, el mundo estaría mejor. En el fondo creo que la encíclica "Laudato Sí" del Papa Francisco gira en torno a eso.

Estamos heridos y sometidos, por el pecado, al mundo en el que vivimos. Se nos hace difícil escapar a sus tentaciones, bienestar y comodidades. Nos cuesta liberarnos de sus ofrecimientos y se nos hace duro tratar de escaparnos. Es una lucha a muerte. Y experimentamos que no podemos liberarnos solos. Concluimos que nos es imposible. Y sufrimos porque experimentamos que no somos del mundo, pero estamos y vivimos en el mundo.

Ocurre que es fácil y muchas veces gozoso dejarnos conducir por los sentimientos. Por los sentimientos placenteros y que nos satisfacen y rechazar aquellos que nos exigen renuncias, solidaridad, compartir y, sobre todo, amar. Elegimos vivir en los primeros, que nos agradan y damos la categoría de justos, y consideramos los segundos como indeseables y molestosos. 

Por eso, amar como nos manda Jesús, simplemente nos complican la vida, ya que en muchos momentos no coincide no coincide con nuestros sentimientos y se nos hace cuesta arriba. Entonces experimentamos el deseo de huida, de abandono, de darlo por imposible y dejarlo. Muchos lo expresarán y experimentarán a lo largo de sus vidas en repetidas ocasiones.

Descubrimos así la necesidad de la oración, de la relación íntima con el Señor y de permanecer en su presencia. Te pedimos, Señor, la Gracia de entender estos pensamientos, y la fuerza, valor y voluntad de llevarlos, con tu Gracia, a la vivencia diaria de cada uno de nuestros días. Amén.