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miércoles, 11 de abril de 2012

TODO ES GRACIA

 ¡¡¡GRACIAS SEÑOR!!! porque… ¡¡TODO ES GRACIA!

Lo decimos muchas veces, pero, ¿estamos convencidos de qué eso es así? Porque una cosa es lo que se dice, y otra muy diferente lo que se hace, pues si lo que se hace no concuerda con lo que se dice, algo falla.

En nuestra libertad y voluntad está en decidirnos a creer, pero no en nuestros sentimientos. Podemos querer creer, pero no sentirlo. Podemos desear cambiar y vivir de acuerdo con las actitudes de Jesús, pero no sentirlas ni poder vivenciarlas. 

Podemos deducir que aquellos discípulos de Emaús querían creer, pues dice el Evangelio que iban apenados, entristecidos. Eso supone que no les gustaba lo que estaba sucediendo. La quietud de los acontecimientos después de la muerte de Jesús les disgustaba, les entristecía. 

A pesar de su experiencia cercana, de ser testigos de muchos milagros y obras de Jesús, les entristecía y se daban a la huida. No estaban, aunque lo deseaban, convencidos.

¿Y no nos ocurre a nosotros igual? Queremos, pero no ocurre nada en nuestro interior, no cambia nuestro corazón. Simplemente porque no depende de nosotros. Sí, se nos reclama estar atentos, escuchar, estar en disponibilidad, hacer oración, pedirla... pero la experiencia que cambia nuestro corazón depende de la Voluntad del Señor Jesús, que sabe lo que nos conviene y las pruebas que debemos afrontar.

Podíamos haberse aparecido en nuestro camino. En el tuyo o el mío. O manifestarse, como lo hizo con Magdalena, a cualquiera de nosotros. Pero no ha sido así, sólo a Él corresponde hacerlo, dónde, cuándo y a quién quiera. A ti y a mí nos corresponde esperar, confiar y seguirle.

Por eso, todo es Gracia del Señor, y a eso debemos atenernos. Nuestra misión es poner todo lo recibido (talentos) en sus Manos, y esperar que su Gracia nos revolucioné. Es él quien nos busca, y será Él quien nos cambiará, pero, claro, necesita nuestra colaboración, nuestra libertad y voluntad. Eso es lo que nosotros debemos darle.

Por eso, nuestra oración debe ir dirigida a pedirle su Gracia, la capacidad de afianzar nuestra fe en Él. Las fuerzas para no desfallecer, no entristecer, no decaer, y superar toda adversidad que nos amenace con alejarnos de su rostro, de su presencia. 

¡Padre, no permitas que nos apartemos de Ti! Amén.

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