Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

miércoles, 16 de enero de 2013

QUIERO SER CURADO


Pero experimento que mi enfermedad no termina en esta vida. Sano pero vuelvo a enfermar. Todos aquellos que fueron curados por Ti, Señor, volvieron a enfermar. Y un día, ya no solo no pudieron ser sanados, sino que terminaron sus días en esta tierra.

Por eso, Señor, yo busco y quiero primero esa sanación eterna, la que es para siempre, pues tu amigo Lázaro, resucitado por Ti, también, un día, murió. Claro que no quiero sufrir, pues el dolor es insoportable, pero sería morir para siempre a tu presencia, a gozar de tu compañía y de tu amor.

Te pido, Señor, que me hagas fuerte y pueda soportar todas las muertes que esta vida me presente. Muertes a mis comodidades y apegos, muertes a mis intereses y vanidades, y muertes a todos mis egoísmos de poder, de privilegios, de suficiencias y de todo aquello que me lleve a rechazarte y olvidarte.

Dame, Dios mío, la sanación del alma, esa que Tú, conocedor perfecto de nuestros deseos, ofreciste a aquel paralítico presentado ante Ti. Nadie te entendió, ni siquiera el mismo paralítico, pero ese tipo de enfermedad es a la que Tú has venido a vencer: "Nuestros pecados". 

Pero también necesito la del cuerpo, al menos la fortaleza de soportar mis debilidades, mis fracasos, mi toma de conciencia de aceptarme como soy, sin desfallecer, sin disgustarme conmigo mismo ni desesperarme. Aceptarme sabiendo que Tú sabes quién soy y hasta dónde puedo llegar. Lo demás corresponde a tu Gracia. Yo sólo puedo, Señor, dejarme abrazar y llevar por tu misterioso Amor. Amén.

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