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sábado, 10 de mayo de 2014

¡SEÑOR!, ¿A QUIÉN IRÉ?



Mi humanidad queda al descubierto ante la grandeza de tus palabras. Te haces Pan de Vida ofreciendo tu Carne y tu Sangre para que, comiéndola, tengamos Vida Eterna. Pero no podemos entenderlo. No es cuestión de darles vuelta ni de más explicaciones. No cabe en mi cabeza.

Por eso, Señor, yo, como Pedro, no sé a dónde ir, porque sólo Tú, Dios mío, tienes Palabra de Vida Eterna, y sólo en ti confío, y sólo a Ti me entrego y abandono. Dame Señor la Gracia de que mi fe aumente e ilumine mi vida para gozar de tu Amor y Misericordia. No la pido como condición para creer, pues en Ti, Señor, a pesar de mi ceguera, me abandono totalmente, sino para disfrute y gozo de tu compañía y de tu presencia. 

Quisiera sentirme a gusto como experimentaron Pedro, Santiago y Juan en el Tabor. Aumenta mi fe Señor y dame la sabiduría de experimentarme confiado y esperanzado en tu Amor. En tus Manos Señor pongo toda mi confianza y a ella me abandono.