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viernes, 3 de enero de 2014

TE SIGO, SEÑOR, COMO INDICÓ TU PRIMO JUAN



Dejando la imaginación correr, me hubiese gustado ser discípulo de Juan Bautista. Me digo que, si el Señor me da la vida en esa época, yo sería discípulo de Juan. Siento miedo de no serlo, pero experimento que mi corazón, como el de ahora, porque ya Dios me tenía en su pensamiento eterno, se inclinaría a seguir a Juan.

Y todo porque a la hora de Juan señalar a Jesús como el Cordero enviado a perdonar nuestros pecados, yo hubiese saltado junto a Santiago y Andrés para seguir al Señor. Pero, queriendo el Señor que fuese ahora, todo es igual, y salto ahora corriendo a seguirlo. Eso quiero pedirle hoy: dame fuerza Señor para seguirte con una entrega total, ilusionada, esperanzada e incondicional. Y no permitas ni dejes que me aparte de ti.

Gracias Señor por llamarme desde joven y de sostenerme. Perdóname por darte la espalda mucho tiempo y, aunque nunca te rechacé, si te dejé olvidado. No permitas que esto ocurra en mí Señor, porque Tú eres mi vida y mi gozo. 

Pero, tampoco dejes que me quede instalado, cómodo, mirando la lucha y los problemas desde la barrera. Dame el brío y la capacidad, aunque ya no me queda mucho, de darme y entregarme a la lucha, como Juan, por señalarte, por decirle a los hombres que tropiezo en mi camino, que Tú eres el Mesía esperado, el prometido, y que te has hecho Hombre para salvarnos y perdonarnos los pecados.

Empújame Señor y arrastra mi vida en torno a Ti, porque te pertenece, y yo te la devuelvo libremente para que dispongas de ella.

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