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Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios

viernes, 18 de mayo de 2012

CADA DÍA UNA ORACIÓN


Porque cada día trae nuevas aspiraciones, nuevos pasos que nos llevaran al último y definitivo encuentro al que todos estamos llamados. Precisamente, ayer sobre las 22 hora canaria, una gran amiga en la fe, con la que he compartido momentos de Eucaristía y de compartir en la fe, así como apostolado, terminaba su periplo por este mundo. Había llegado al final, compartiendo tristeza y dolor, para, en Manos de Jesús, convertirlas en alegría y gozo como Él mismo nos dice hoy.

Cada día se convierte en una oración de veinticuatro horas. Una oración en la que te relacionas con el Padre Dios, injertado en Jesús y asistido por el Espíritu Santo, a través de los momentos, situaciones y vivencias que el propio día te ofrece.

Cada día trae su pena y alegría, y tanto lo uno como lo otro son ofrendas de amor presentadas al Padre. Porque el Señor tomará de todo, y todo lo convertirá en dulce gusto al paladar. En Él todas nuestras penas, sufrimientos, dolores y también alegrías cobras su mayor plenitud, y retoman sentido al transformarse en gozos y alegrías.

Cada día es una buena oportunidad, por la que damos gracias, de vivir la vida, de poder reivindicar nuestro amor al Padre en los hermanos; de tener una nueva oportunidad de testimoniar nuestra fe; de ponernos en Manos del Espíritu Santo y alabar al Padre del Cielo.

Cada día se nos regala una nueva ocasión de poder ganarnos, entre comillas, la posibilidad de decirle que sí a Jesús y dar la vida, en los hermanos y en las pequeñas cosas de nuestro propio mundo, por Él. Amén.

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