martes, 28 de febrero de 2017

NO ME DEJES ELEGIR A MÍ, SEÑOR

El peligro está en que sea yo quien quiera elegir. Porque casi siempre y con mucha frecuencia, impedimos que el Espíritu Santo nos ilumine y nos señale el lugar y la misión en la que consagrar tu vida o parte de tu vida. El peligro es que, posiblemente, elegiremos pensando en nosotros mismos, en nuestras comodidades y acomodamiento. Somos débiles y, sin darnos cuenta, tiramos para nuestras apetencias y gustos.

A nadie le gusta sufrir, ni sentirse incómodo. Busca siempre el lugar más adecuado a su comodidad. Por eso, te pido, Señor, que no me dejes elegir a mí, porque, engañado por mi egoísmo, elegiría mal y lo que no me conviene. Sin embargo, también existe otro peligro, que llevado por mi vanidad y deseos de triunfo, mire más alto de lo que puedo dar. Entonces me agobiaré y lo haré mal.

Tú, Señor, sabes lo que puedo dar, pues Tú me has dado los talentos que tengo que negociar. Y eso quiero hacer, Señor. No quiero meterme en lugares para los que no estoy hecho, ni despreocuparme de aquello para lo que Tú me has dotado. Indícame el camino a seguir y señálamelo, porque de no verlo puedo perderme.

Hay una señal que me indica donde puedo estar y qué hacer. Aquello que tú descubres cómo que haces bien, o al menos gusta, y es bueno. Es decir, ayuda a otros a encontrarte y a fijarse en Ti. Y que haciéndolo, a pesar de que comporte trabajo y esfuerzo, tú te sientes con fuerzas, con ganas, entusiasmo y ganas de seguir. Y experimentas fortaleza, voluntad y gozo el hacerlo. 

Entiendo que ahí estás Tú, Señor, que me animas y me empujas en las respuestas de los demás, que responden y se sienten animados al compartir estas reflexiones sencillas y humildes hechas con todo el cariño y el amor que puedo. Escritas desde las vivencias personales de mi encuentro de cada día contigo y alumbradas desde tu Palabra y tu Espíritu. Gracias, Señor, por experimentar que Tú te haces presente entre todos nosotros y nos alumbra el camino que cada uno tiene que seguir. Amén.

lunes, 27 de febrero de 2017

LLENA MI CORAZÓN, SEÑOR, DE UN AMOR COMO EL TUYO

Está claro que el dinero manda y arrastra nuestra vida. Impone la ley de la fuerza y el poder. Y eso gusta al ser humano tentado por sus ambiciones, ansias de poder y egoísmos. Pensamos que con dinero tendremos todo lo demás, y todo lo necesario para ser felices y dichosos. En principio decimos que no, que el dinero no da la felicidad, pero, alcanzada la riqueza, la tomamos y actuamos como si pensáramos todo lo contrario. Nos auto engañamos, pues nuestros actos descubren lo que hay en nuestro corazón.

Y siendo así, la presencia  de Dios en nuestra vida estará en un plano secundario, marginal que, sólo despertará y se invocará su presencia para ciertas ocasiones donde el dinero y nada de lo que tengamos cuenta. Se hace necesaria una buena limpieza del corazón, y eso sólo lo podemos hacer injertados en el Espíritu Santo, enviado a asistirnos, acompañarnos, fortalecernos y dirigirnos.

Claro está, Señor, que te pedimos que tomes nuestros corazones y nos transformes. Queremos abrirnos a la acción de tu Espíritu y dejarnos, abandonados en sus Manos, que dirija nuestra vida. Cambia nuestro corazón, Señor, y ayúdanos a limpiarlo, para que despojado de todo aquello que nos impida verte y seguirte, te pongamos en el centro de nuestras vidas. Y, para que sea Tú nuestro Señor, nuestro ánimo, nuestra fortaleza, nuestro camino, verdad y vida.

Es eso lo que, desde lo más profundo de nuestros corazones queremos pedirte y, para ello, nos abrimos con todas nuestras fuerzas a tu Palabra y enseñanza. Queremos, Señor, creer en tu amor, porque será Él quien nos transforme dándonos fuerza, sabiduría y voluntad para doblegar nuestras ambiciones y anhelos, para seguirte con fidelidad y perseverancia confiados en Él. Amén.

domingo, 26 de febrero de 2017

EMPECINADOS Y APEGADOS A LO MATERIAL

Nos resulta difícil descubrir el valor espiritual de las cosas. Vemos antes el valor material, y su necesidad que lo que se esconde espiritualmente detrás de todo eso. Quizás nos afanamos mucho en conseguir bienes materiales hasta el punto de preocuparnos y hasta enfrentarnos unos a otros con graves consecuencias.

Quizás, nuestra propia humanidad nos inclina a esa materialidad y nuestro pecado no nos deja ver el inmenso amor que Dios nos tiene cuando nos ha hecho sus predilectas criaturas. Y ha puesto en el mundo todo lo que necesitamos para nuestro vivir. De modo que no debemos poner nuestra principal preocupación en los bienes materiales, porque la providencia de nuestro Padre Dios nos provee de todo lo que necesitamos.

Pero, también, hemos recibido unos talentos y cualidades para desarrollarlas en administrar todo lo recibido. Y nuestra responsabilidad es hacerlo, pero sin perder de vista que Dios está pendiente de nosotros, y nos cuida. Quizás, lo mejor que podamos hacer en esta humilde reflexión es pedirle luz y entendimiento para comprender su providencia y sus cuidados. Para percibir su amor y depositar en Él nuestra confianza.

Hay situaciones que nosotros hemos echado a perder, descuidándonos, despilfarrándolas y no empleando bien esos recursos en tiempos de bonanza. Ni siquiera hemos tenido en cuenta a los que lo han pasado mal en esos momentos. Y luego, cuando la situación se nos pone difícil queremos que Dios nos la arregle. Lo utilizamos como una caja mágica para arreglar todo lo que nosotros irresponsablemente desarreglamos.

Pidamos fortalecer nuestra voluntad para cumplir con nuestras responsabilidades y responder al amor y a todo lo que Dios ha puesto en nuestra manos. Conservándolo, compartiéndolo, dándole buen uso y poniendo todas las cosas en su lugar, siendo Dios el centro principal de nuestra vida. Amén.

sábado, 25 de febrero de 2017

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN LIMPIO

Pedirte, Señor, un corazón limpio es pedirte un corazón de niño. Porque los niños son puros y limpios. Sus actos no están cargados de malas intenciones. Llevan la inocencia de la limpieza y pureza. No han tenido todavía tiempo para contaminarse con el aire viciado del camino del mundo. Un corazón limpio como el de un niño es el corazon que yo, humildemente, quiero pedirte. Tal y como Tú nos lo propones hoy en el Evangelio.

Desde este rincón de oración-reflexiva y meditada, quiero, Señor, unido a todos los que se detengan en este lugar a hacer una parada en sus vidas, postrarme ante Ti y suplicarte con todas mis fuerzas ese corazón puro y limpio que Tú hoy nos propones. Un corazón de niño que se acerca a Ti sin defensas ni segundas intenciones, abierto a recibir tu Gracia.

Transforma, Señor, nuestros corazones en corazones que sepa recoger la verdad y desechar la mentira. Corazones que sepan cribar lo bueno de lo malo y que derramen bondad, verdad y justicia. Corazones revestidos y cargados de misericordia en el esfuerzo de imitar al Padre misericordioso. Corazones dispuestos a perdonar y a saber amar.

Corazones que entiendan que el amor no se esconde en una sonrisa, afecto o sentimientos, sino que es consecuencia de un compromiso en buscar y hacer el bien. Por todo ello, te pedimos, Señor, que regeneres nuestro corazones contaminados por el camino y el aire viciado de este mundo, transformándolos en corazones limpios, puros, inocentes y llenos de buenas intenciones como son los de los niños. Amén.

viernes, 24 de febrero de 2017

NO QUIERO UTILIZARTE, SEÑOR

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS


Puede ocurrir que, sin darnos cuenta, usemos el Nombre del Señor y su Palabra para decir lo que pensamos y creemos. Se nos puede ir muy fácil la lengua e interpretar lo que querría que dijese el Señor. Por otro lado se hace difícil opinar e interpretar. Sin embargo, hay cosas muy claras que podemos opinar lo que pensamo respecto a ellas.

Hoy nos habla del matrimonio y nos responde muy claramente a la pregunta que te hacen: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?» Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?». Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre». 


Danos, Señor, la sabiduría de saber entender lo que Tú nos has dicho y no darle otra interpretación. Danos, Señor, la luz de saber discernir tu Voluntad y de tener la fuerza y la capacidad para aplicarla a la vida. Danos la fortaleza para sobre llevar con dignidad y entereza todas nuestras flaquezas y poder sostenernos en el cumplimiento de tu Voluntad.

Porque con tu Gracia todo es posible, por mucho que a nosotros nos parezca difícil e imposible. Porque Tú eres un Dios único y amoroso, y no nos manda nada que nosotros no podamos cumplir, porque quieres nuestro bien y llevarnos contigo a la plenitud eterna. 

Te pedimos que nos revista de esa sabiduría que nos ayude a encontrar el camino correcto y a suavizar nuestro duro corazón tentado por las pasiones de este mundo que nos inclinan al egoísmo y la satisfacción propia hiriendo el corazón de los demás. Amén.

jueves, 23 de febrero de 2017

VIVIENDO EN EL AMOR

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Posiblemente, muchos actuamos de forma interesad y para que se nos vea. Es verdad que lo hacemos de forma instintiva y espontánea, pero no de forma desinteresada y a quien verdaderamente lo necesita. Actuamos mirando al mundo y para que se nos vea. Al menos estamos inclinado a ello. Y esa debe ser nuestra lucha, actuar con quien verdaderamente lo necesita, sea quien sea, y si es nuestro enemigo, más razón tenemos para actuar, porque ello es la prueba del algodón de nuestro sincero y verdadero amor.

Ese es el sentido evangélico de hoy. Dar un vaso, por amor, a quien verdaderamente lo necesite. Privarnos de los excesos que nos puedan afectar y aflojar nuestra espiritualidad. No se trata de no hacer cosas que puedan gustarte, pero sí ponerlas en su justa medida. Sin perder la orientación del camino y de Dios, que es y debe ser el centro de nuestra vida.

Por tanto, todo aquello que empiezas a experimentar que afloja tu relación con Dios y te aleja de Él, déjalo, córtatelo, sácatelo. Ese es el criterio. Se trata de saber discernir y de actuar. No cabe duda que, al mismo tiempo, estamos descubriendo la necesidad e importancia de la oración. Necesitamos orar, estar con el Señor y abierto a la acción del Espíritu Santo. ¿Cómo, si no vamos a sostenernos y perseverar si no estamos unidos y en constante relación con Él? ¿Cómo vamos a vencernos a nosotros mismos sin la fuerza del Espíritu de Dios que nos asiste, nos acompaña y nos fortalece?

Solos estamos entregados y en manos del Maligno, que trata de apartarnos del camino del Señor. Por eso, unidos y consciente de la necesidad de estar en el Señor, le pedimos que nos llene de su Gracia para vencer todas las tentaciones e inclinaciones que amenazan nuestro camino y nuestra vida.

Y, también, acudimos a nuestra Madre, para que nos aconseje, nos transmita su serenidad, su confianza y su humildad en la seguridad que su Hijo, el Señor, nos escucha y camina con nosotros. Amén.

miércoles, 22 de febrero de 2017

ELEGIDO POR EL ESPÍRITU SANTO

Es el Espíritu Santo quien elige al Pedro sucitándole ese impulso al decir: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».  Pedro no podía hablar por sí mismo. Sus palabras son empujadas por el Espíritu Santo que le designan para ser el elegido. No era el mejor, quizás, Pedro, pero es el elegido. Los criterios de Dios no los entendemos.

Cristo te llama, Pedro, y tú le sigues;
dejas tu barca, pescador de hombres;
roca y cimiento de la santa Iglesia
Cristo te hace.

Él te pregunta: "¿Me amas más que éstos?";
tú le respondes: "Sabes que te quiero."
Él te encomienda todo su rebaño;
tú lo apacientas.

Tienes las llaves, atas y desatas;
fiel al Maestro, amas más que niegas;
llegas a Roma, con tu magisterio;
mueres por Cristo.

Desde tu cielo, mira a nuestra tierra,
guía los pasos de tus sucesores
que en el primado del amor, sirviendo,
rigen la Iglesia.

Gloria a Dios Padre, creador del mundo,
gloria a Dios Hijo, redentor de todos,
gloria al Espíritu, que nos santifica:
Dios Uno y Trino. Amén.


La Cátedra de San Pedro Apóstol, fiesta
                                                                                                                    Común de apóstoles
                                                                                                                  Himno de la oración de                                                                                                                                            Laudes

martes, 21 de febrero de 2017

SEGUIR SIN PRIVILEGIOS

El seguimiento de Jesús no te da privilegios. Es un seguimiento para hacer méritos de servicio. Es un seguimiento que te invita a permanecer en los últimos puestos y a servir. No es por tanto agradable guardarse para los últimos puestos ni para quedarte al final y servir. Tus sentimientos hablan otro lenguaje, pero el amor los traduce en otra lengua, la del servicio.

No cabe duda que no es fácil cumplir esa misión. Jesús, nuestro Señor, ya nos avisa de esa dificultad, pero se pone Él como alivio y descanso. No pensemos en ir por ese camino por cuenta propia, porque el fracaso está asegurado. Podemos vencernos y someter nuestros sentimientos apoyados en nuestra voluntad e injertados en el Señor. Él es la savia que nos alimenta y nos fortalece para poder cumplir y vivir nuestro compromiso.

Sólo apoyados en Él podemos dar cumplimiento a nuestro servicio. Porque por su Gracia nos llenamos de paciencia y fortaleza para poder servir gratuitamente. Se hace necesario arrimarnos a la oración y pedir mucha luz y sabiduría, para, fortalecidos, soportar muchos esfuerzos y dificultades. Dificultades que nos vencen y nos pone el servicio cuesta arriba.

Pidamos tener fuerza para renunciar a nuestra voluntad y hacer la voluntad de los otros. Porque cuando estamos haciendo eso, siempre que sea un bien, estamos haciendo la Voluntad de Dios. Y no podemos imaginar que supone eso y los méritos conseguidos. 

Sólo Dios sabe que estamos logrando. Pidamos ser fuerte y estar dispuestos a servir confiados en que el Espíritu Santo nos dará los medios necesarios y las fuerzas necesarias para poder realizarlo. Amén.

lunes, 20 de febrero de 2017

LA FE NECESITO PEDIRLA

No es cuestión de cruzarme de brazos o quedarme pasivo esperando que mi corazón se llene de fe. Se hace necesario abrirse a ella y, sobre todo, pedirla. Pero, ¿cómo? El Padre nuestro, la oración que Jesús nos enseñó, nos marca el camino de cómo pedirla. Es, el Padre nuestro, una expresión de fe en la que reconocemos a nuestro Padre como Padre, valga la redundancia, de todos. Y eso nos hace hermanos. Y como hermanos, relacionarnos fraternalmente y en verdad.

Es verdad que la duda siempre estará gravitando sobre nuestras cabezas, pero, también es verdad, que la fe supone el fiarnos de la Palabra del Señor. Y en la medida que recemos y oremos en la línea del Padre nuestro, estamos dando testimonio de nuestra fe. Porque sólo ora aquel que espera y confía con esperanza en la Misericordia de Dios. Sólo pide y llama aquel que espera y confía.

Hoy, desde este espacio de oración - reflexión queremos, Señor, pedirte que fortalezcas la poca fe que tenemos y que nos la aumentes. Sí, Señor, queremos crecer en conversión para, esforzándonos en nuestra voluntad ir sometiendo nuestros sentimientos según tu Voluntad. Y, apoyados en tu poder, confiando en él, servir y ayudar a los hombres. 

Siendo dóciles a tu Palabra queremos entregarnos a la oración. Una oración confiada, perseverante, de cada día, consciente y paciente. Una oración apoyada en la fe y en la esperanza de tu Palabra. Una oración que responde a nuestras peticiones y nos da soluciones. Una oración llena de esperanza que, aun no viendo sus resultados confiamos que será respondida según tu Voluntad, que busca nuestro bien y el de todos los hombres.

Danos, Señor, esa sabiduría y esa fe que necesitamos para creer en Ti sin desfallecer y sin desanimarnos porque los resultados no se muestren a nuestra vida. Consideramos que somos hombres de poca fe y que necesitamos que Tú, Señor, por tu inmenso Amor y Misericordia nos conceda la Gracia de tenerla y aumentarla. Amén.

domingo, 19 de febrero de 2017

SENTIMIENTOS Y VOLUNTADES

Todos experimentamos sentimientos sin poderlo evitar. Entran y salen y vuelven hacerlo cuando les plazca según reciben estímulos o sensaciones del exterior. Y nos hacen sentirnos bien o mal dependiendo del resultado de lo que suceda o nos pase. A un estímulo malo nos enfurecemos y nos violentamos. Y quizás respondemos mal. Y lo contrario cuando recibimos buenos estímulos que nos agradan y nos sientan bien.

Eso hace que, algunas veces estemos bien y otras mal. Eso hace que, algunas veces sonriamos y otras nos pongamos huraños y enfadados. Eso hace que experimentemos odio y deseos de venganza. 

Por eso, es de sentido común pensar que Dios nos haya dotado de voluntad. Voluntad para decidir poner remedio a esos sentimientos. Y eso explica también lo de nuestra libertad. Somos capaces de poder decidir contra esos sentimientos, y tratar de dominarlos. Tanto los buenos como los malos. Porque tanto unos como otros pueden traer consecuencias graves. Los buenos, moderándolos y no dejarlos expresarse de forma muy efusiva o excesiva, y los malos, controlándolos y transformándolos en actos buenos.

Porque de eso se trata cuando hablamos del amor. Amar no consiste en buenas palabras, afectos, caricias, buenas caras...etc. Amar consiste en hacer el bien, y, fundamentalmente, devolver bien por mal. Amar consiste en convertir esos sentimientos malos que nos producen dolor, odio y venganza, en actos buenos, de solidaridad, de paz y bondad. Incluso, a pesar de que dentro sigamos experimentando ese sentimiento de odio y venganza. Es dejarte crucificar en tu propia cruz para devolver, por cada clavo que entra en tu cuerpo, un bien que pueda transformar el corazón del otro.

Pidamos esa sabiduría de saber amar, aceptando eso sentimientos que nos provocan odio y venganza, y, controlándolos, ir los convirtiendo en correspondencia de actos de bondad, de justicia, de paz y de amor. Porque en eso consiste el amar, y esa es la Voluntad de Dios. Amén.

sábado, 18 de febrero de 2017

¡MUESTRAME TU ROSTRO, SEÑOR!

Yo también, Señor, necesito tu transfiguración. Necesito ver tu Rostro resucitado. No porque no crea, sino porque el camino se me hace duro, pesado, difícil de recorrerlo y me siento débil y vencido por tantas tentaciones que me salen al paso en el camino de mi propio desierto, proponiéndome consumir, satisfacerme y aceptar a sus placeres.

Necesito verte como Pedro, Santiago y Juan, y, aunque no entienda nada, como ellos, experimentar tu Divinidad, tu Pureza y tu Poder. Sentirte Resucitado y cercano a mí. No es, repito, Señor, que no lo crea así, pero, Tú que me conoces, incluso mejor que yo, comprendes mis ansías de sentirme fortalecido animado, acariciado y empujado a seguirte con alegría y gozo.

Sí, necesito tu cercanía, tu Palabra, tu aliento y tu luz, Necesito experimentar tu presencia y alimentarme espiritualmente de tu Cuerpo y tu Sangre. Enséñame, Señor, el camino de bajada y guiame hasta la Jerusalén de mi vida, donde Tú has querido que camine, para en ella soportar mi propia pasión que, añadida a la Tuya, complete lo que Tú has dejado que yo aporte.

Y eso es lo que hoy, junto a todos los hermanos en la fe, y desde este humilde rincón de oración, quiero pedirte. Y hacerlo con fe, convencido de tu escucha y Misericordia; convencido de tu Generosidad  y Amor. Perdona, Señor, mis tribulaciones, mis debilidades, mis pecados y mi débil fe. Nada merezco y, sin embargo, Tú me regalas tu Amor y tu Misericordia para darme la Vida. Y Vida Eterna.

Gracias Señor por todo lo recibido, y por tanto Amor entregado gratuitamente. En Ti pongo todas mis esperanzas, y en tus Manos me abandono. Sólo Tú das sentido a mi vida y alientas mi camino. Y me regalas una Madre, que también acompaña mi camino y me lleva a Ti. Amén.

viernes, 17 de febrero de 2017

NO DIGAS NADA SIN CONOCERLO


HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS



Ocurre con mucha frecuencia que rechazamos lo que no conocemos. Damos por descontado que no nos interesa, o que no es verdad, o los motivos que quieras, para justificar nuestro rechazo. Es así de absurdo y necio, pues lo que no se conoce no se puede querer, pero tampoco rechazar. El sentido común nos aconseja a conocerlo y saber, al menos, de qué va la cosa.

De ahí que no se puede dar un juicio de Jesús sin saber quien es Jesús. Sin saber de qué nos habla Jesús, y sin saber qué ha hecho Jesús. Es posible que muchas cosas no lleguemos del todo a comprenderlas, pero la realidad de la vida nos ayudarán a aceptarla. Porque lo que sí está claro es que dentro de cada uno de nosotros hay un deseo irrefrenable de eternidad. Está en nuestro corazón sembrada la semilla de la Vida Eterna.

Y, su Palabra, es Palabra de Verdad. Todo lo que dice se cumple. Y todo lo que hace es para el bien del hombre. Su Obra refleja bien su Poder y su Amor. Los ciegos ven; los cojos andan; los mudos hablan; los leprosos son curados y los muertos resucitan. Ahí está la realidad de su Obra. ¿Qué ocurre entonces? Simplemente que el hombre orgulloso y suficiente, que se siente seguro de sí mismo, se rebela contra Dios y quiere dirigir su propia vida. Y los resultados son los que vemos a nuestro alrededor.

El hombre no tiene otra esperanza. De nada le vale ganar el mundo y tener todo el éxito del mundo, que al final su destino no cambia. Le espera la muerte, y una muerte sin la presencia de Dios, es una muerte de perdición eterna. 

Pidamos al Señor esa luz que nos ilumine y nos mueva para ver, ver como el ciego Bartimeo y el ciego del Evangelio de miércoles. Ver que nuestra esperanza descansa en el Señor. Ver que sólo en Él encontramos esa respuesta a la pregunta que llevamos dentro de nuestro corazón: "Alcanzar la Vida Eterna". Amén.

jueves, 16 de febrero de 2017

POSIBLEMENTE, SEÑOR, A MÍ, COMO A PEDRO, TAMBIÉN TENDRÁS QUE REGAÑARME

Seguro es que me confieso seguidor tuyo, Señor. Y, también, que confieso mi fe en Ti, pero ya no estoy tan seguro de seguirte hasta comprometer mi vida y entregarla por Ti. Esa es mi intención y mi deseo, pero, llegado el momento, no confío en mis propias fuerzas y me asaltan dudas y temores.

Hoy quiero aprovechar la oportunidad de este blog, para suplicarte que me des las fuerzas necesarias para serte fiel y responder, con todas las consecuencias, a tu pregunta con firmeza y decisión. Supongo que llegado el momento de tribulación y temor, el Espíritu Santo nos dará la fortaleza y valentía para enfrentarnos y soportar los sufrimientos y sacrificios que la vida nos presente. Confiamos en ello.

Volviendo la mirada atrás, observamos como muchos que nos han precedido, han soportado sufrimientos y violencias con entereza, paciencia y hasta con paz. No podemos explicárnoslo sino desde la fuerza del Espíritu Santo que les asiste y les ayuda. Y eso te pedimos hoy, Señor, que no perdamos la esperanza y confiemos en tu Palabra. Aumenta nuestra fe, Señor.

Y danos todas las regañinas de las que somos merecedores, para despertarnos, abrir los ojos y seguirte con paso firme. Si, Señor, Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo. El que, enviado por el Padre, nos ha revelado su Amor y su Infinita Misericordia. Si, Señor, Tú eres el Salvador, el Mesías prometido. Aquel que el Padre señaló en el Bautismo de Juan y manifestó su complacencia y predilección. 

Tú, Señor, eres el esperado, en anunciado por la Ley y los profetas. Y en Ti, Señor, confiamos y creemos. Nos ponemos en tus Manos y te seguimos sin rechistar, tal y como Tú nos dice, porque no somos nosotros nadie para exigirte ni para cambiar tus proyectos y planes. Tu Palabra, Señor, es Palabra de Vida Eterna.

Solo te pedimos, Señor, que nos llenes de tu Gracia, para que nuestros corazones se inflen de ese Amor que Tú nos das y que nosotros debemos corresponder dándolo también gratuito como Tú nos lo das. Amén.

miércoles, 15 de febrero de 2017

LIMPIA MI CORAZÓN, SEÑOR, PARA VER SEGÚN EL TUYO

Muchas veces nos empeñamos en ver con nuestros propios ojos. Y cuando digo con nuestros propios ojos me refiero a que vemos las cosas según nuestras ideas, nuestros criterios y nuestros intereses. Nuestra mirada no está limpia, la mancha el pecado. Por lo tanto, nuestro ojos no ven las cosas con un corazón limpio y su vista se emborrona y distorsiona la realidad.

Es la mirada de aquel ciego que le han acercado a Jesús. Impuestas las manos del Señor, después de poner salva en sus ojos  y preguntado si ve, declara: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan». Podemos adivinar y deducir que su mirada, todavía, no está limpia del todo. Quizás el Señor nos quiere indicar que a veces nos cuesta y hay que insistir. No siempre la fe es instantánea sino que a veces la vamos viendo poco a poco.

Y eso venimos hoy a pedirte, Señor. Enciende nuestra fe y despeja nuestra mirada para que veamos el mundo con tus Ojos, tal y como Tú quiere que veamos. Porque esa es nuestra intención, mirar como Tú miras, con una mirada llena de paciencia, de comprensión, de humildad, de suavidad y bondad para así, de esta forma, ver a los hombres, detrás de sus apariencias, como Tú los ves, y poder apreciar la bondad de cada uno. Cierra nuestros oídos a toda murmuración, guarda nuestras lenguas de toda maledicencia, que sólo los pensamientos que bendiga permanezcan en nosotros. Queremos ser tan bien intencionados y justo para que todos los que se acerquen a nosotros sientan tu presencia.

Revístenos de tu bondad, Señor, y haz que durante este día, todos nosotros te reflejemos (letra cursiva tomada del libro encuentro, del Padre Ignacio Larrañaga). Amén.

martes, 14 de febrero de 2017

CONSCIENTES DE TU PRESENCIA, SEÑOR.

El sabernos acompañados nos da seguridad y confianza. Pero, el saber que eres Tú, Señor, nos fortalece y nos anima a enfrentarnos a todas las dificultades que se nos presenta. Hoy, sabedores que, por nuestro compromiso bautismal, estamos llamados a ser testigos de la fe y proclamarla dando testimonio, te pedimos, Señor, que nos llenes de tu Amor, y nos des fortaleza y sabiduría para ser luz y sal, como Tú quieres, en este mundo que te ha dado la espalda y te rechaza.

Conscientes de que eres Tú que sigues evangelizándonos, tomando como instrumento nuestras miserias y humildes palabras, nos atrevemos a acomete tu loable misión, tal es, la de proclamar al mundo la salvación rescatada con tu Pasión y por la Misericordia del Padre.

Te pedimos esa Gracia y nos disponemos y abrimos a la acción del Espíritu Santo confiados en su poder y en su Gracia. Te pedimos, Padre, que enciendas en nosotros la llama de tu Amor y nos des la fuerza para soportar, comprender, escuchar y, sobre todo, amar.

Madre de Dios, Virgen pura y casta, acompáñanos y asesóranos para, como tú, hacer la Voluntad del tu Hijo. Intercede por todos nosotros para que nuestra fe se vea reforzada y aumentada en la vivencia de cada día y reconozcamos en tu Hijo, al Mesías y salvador, y abierto a su Gracia sepamos dar testimonio de su Palabra con nuestras obras y testimonios.

 Abre nuestros ojos y oídos para ver en todo momento los signos de amor que Jesús, tu Hijo, derrama en nosotros, y confiados a su Palabra le seamos fiel. Amén.

lunes, 13 de febrero de 2017

¿BUSCAMOS NOSOTROS TAMBIÉN SEÑALES?

Es posible que a nosotros nos ocurra lo mismo. Estamos deseosos de oír algún trabajo para afianzar nuestra fe en Jesús. Quizás también buscamos pruebas, indagamos escritos y ansiamos conocer o que nos digan cosas que nos afirmen en la fe en nuestro Señor. ¿Nos diferenciamos de aquellos fariseos? ¿O estamos a la misma altura y nivel de fe?

Muchos de nosotros enviamos noticias con alegría de que un científico dijo esto o ha comprobado lo otro. Y eso nos regocija y nos apuntala. Pero, ¿es que nos hace falta más prueba? ¿Acaso la Palabra de Jesús, el Mesías enviado, no nos basta? ¿Necesitamos alguna prueba que nos saque de esas tribulaciones y dudas? Pero, es más, las pedimos, aunque de forma algo oculta y no publica, pero sentimos dentro de nosotros ese deseo de demostrarnos la divinidad de Jesús.

Pidamos, con verdadera humildad, sabiduría y fe reconociendo nuestras debilidades y limitaciones. Pidamos perdón al Señor y, postrados a sus pies tratemos de abandonarnos en sus Manos y, a pesar de nuestras dudas, sigamos adelante tras sus pasos. Miremos a María, la Madre, y agarrados a ella confiemos en la Misericordia del Padre y en la obediencia que nuestra Madre nos muestra. Unidos fortalezcamos y compartamos nuestra fe apoyándonos unos en otros y perseverando en la oración.

Pidamos al Espíritu Santo su asistencia y su Gracia para fortalecernos en la voluntad y seguir con pasos firmes en el camino del Señor. Afirmémonos en Él y confiemos en su Palabra y en su Misericordia. Él llenará nuestro corazón de abundante dones que nos harán más fuertes, más pacientes, más confiados y llenos de fe. Y dispuestos a darnos y a amar, tal y como Él quiere que hagamos. Amén.

domingo, 12 de febrero de 2017

LA VERDAD DEL CORAZÓN

Muchas veces comprendemos que, aunque la Ley está de nuestra parte, no debemos aplicarla tal y como está escriturado. Sabemos que el espíritu dice otra cosa, o que su última intención no fue esa. Pero, cerramos los ojos y decimos: "la Ley es la Ley y hay que aplicarla". Sin embargo, no ocurre así cuando se trata de un hijo, familiar o un amigo. En ese caso tratamos de ser más tolerante o misericordioso.

Diríamos que donde esta la diferencia, ¿nuestros egoísmos e intereses? Posiblemente, pues aplicamos la ley según nos convenga. Y hasta la hacemos pensado en nosotros. Por eso, Señor, hoy queremos pedirte sabiduría para saber interpretarla y contemplar, no sólo la letra sino también el espíritu. Porque, ocurre que, muchas veces, interpretamos mal la palabra, y nuestro corazón no desea ni busca actuar con mala intención.

Y es que con nuestros pensamientos, a pesar de no llegar a realizarse, pecamos cuando son mal intencionados. No basta sólo con defender y respetar la vida, sino que no erradicar la violencia, la envidia y todo aquello que genere enfrentamientos y luchas puede ser considerado como provocar y matar. Lo mismo que la fidelidad y castidad del cuerpo. Porque muchos son los que no pudiendo hacerlo con el cuerpo, fornican con el pensamiento. El consentimiento descubre la intención del pecado.

Experimentamos que detrás de la letra hay un campo enorme de faltas y delitos que ocasionan, no sólo ocasión de pecado sino pecado en sí mismo. Porque no se es pobre porque no tienes, sino porque, aún teniendo, no ansías ni buscas riqueza. Los hay que siendo pobres son ricos, porque viven apegados y buscando alcanzar riquezas.

Te pedimos, Señor, un corazón despegado, limpio, bien intencionado y humilde. Un corazón fiel y dócil y que respete y cumpla le Ley en verdad, justicia y espíritu. Pero, sobre todo, con amor y misericordia. Amén.

sábado, 11 de febrero de 2017

ALIMENTA MI ESPÍRITU

Este mundo no ofrece sino alimentos caducos. No conoce el alimento eterno. Queremos arreglar nuestra vida y tratamos de comer de forma saludable y hacer ejercicios. Nos sacrificamos para conseguir estar saludables. ¿Olvidamos que, por mucho que hagamos, no podremos prolongar nuestra vida ni siquiera un segundo? Estamos llamados a terminar el camino de este mundo, con nuestra muerte, para iniciar el verdadero y eterno.

Y, para eso, no nos vale ni la comida saludable ni el ejercicio físico. Eso no quiere decir que no sea bueno y aconsejable hacerlo, pero siempre sabiendo que es simplemente un medio y una obligación alargar nuestra vida terrenal y, también, cuidarla, pero nada más. La vida se termina y lo verdaderamente importante es cuidar y salvar la eterna. Y esa no depende de la comida saludable ni del adecuado ejercicio.

Por eso, el mejor y único alimento es tu Cuerpo, Señor. Ese Pan que Tú nos has ofrecido como alimento espiritual de tu Cuerpo y tu Sangre. Ese alimento, bajo las especies de pan y vino, que Tú, transformado, te nos das para configurarnos contigo y fortalecernos en tu amor. Ese es el único y verdadero alimento que nos da Vida Eterna. Vida Eterna en plenitud.

Y eso es lo que venimos a pedirte hoy, agarrados a tu Madre, la Santísima Virgen. Ese alimento espiritual que nos fortalece y nos vigoriza en el camino de nuestra propia vida para llegar a Ti. Porque, llenados de él, fortaleceremos nuestro espíritu para derramarlo también en los demás.

Gracias, Señor, por ese amor que nos has dado entregando tu Vida para salvar la nuestra y darle eternidad. Porque de eso es de lo que se trata, de amar. Pues, no importa lo que hagamos, sino sólo el amor. Porque quien ama hace y hará sus obras en verdad y justicia.

Al final, Señor, no vas a mirar nuestros cumplimientos, nuestras obras y sacrificios. Ni siquiera nuestros actos de piedad, entrega y desprendimientos. Sólo importa y mirarás la medida de nuestro amor y misericordia. Y eso es lo que te pedimos, Señor. Llénanos de tu Amor. Amén.

viernes, 10 de febrero de 2017

ABRE, SEÑOR, MIS OÍDOS Y DESATA MI LENGUA


HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS


Estamos necesitados de escuchar. Y también de oír. Sí, nos parece que escuchamos y oímos, pero nada más lejos de la realidad. Porque cuando escuchamos y oímos lo hacemos desde nuestras propias convicciones e ideas. Oímos, pero dentro de nosotros sólo retumba nuestras propias palabras. Y escuchamos, pero sólo llega a nuestro corazón lo que en él queremos guardar.

No, estamos para escuchar y oír las cosas del mundo, porque nuestro corazón es más del mundo que de Dios. Por lo tanto, escuchamos y oímos más al mundo que a Dios. Y actuamos como actúa el mundo. Por todo ello, le decimos a Señor que también a nosotros nos abra nuestros oídos y desate nuestra lengua para que nuestras palabras y escucha sean desde Él y para Él.

Y para anunciar al mundo que Jesús vive y es nuestra salvación. Necesitamos experimentar esa salvación, porque sólo puedes hablar de lo que vives y experimenta. ¿Cómo vas a proclamar la vida, si nos has vivido? Tendrás primero que vivir y luego divulgar que la vida es hermosa y vale la pena vivirla. De la misma manera, tendrás primero que experimentar y saborear el encuentro con Cristo, para luego contagiar y proclamar que no hay nada mejor.

Es verdad que, posiblemente tengamos que colaborar en prepararnos, pero sólo para luego poder explicar y decir claramente y bien lo que significa encontrarse con el Señor. Si no hay encuentro y experiencia, no vale para nada tu preparación y conocimiento. Amar, el mandato de Jesús, el Señor, necesita vida y prueba. Sólo entenderas y comprobarás el sabor de la fruta cuando la pruebes. Sólo amarás cuando experimentes el sacrificio de darte y soportar al que amas.

Y eso no se aprende en los libros, ni porque alguien que sepa más que tú te lo diga. Se aprende mirando al Señor y abriéndote a la acción del Espíritu Santo. Se aprende queriendo y asumiendo con fe que sólo el Señor puede abrirte tu mente y llenarte de su Luz: «Effetá»

Pidamos esa Gracia para que nuestros oídos sean capaces de abrirse a la Palabra de Dios, y nuestor labios proclamarla.

jueves, 9 de febrero de 2017

¿CÓMO PEDIR Y DE QUÉ FORMA?

Se hace necesario pedir con fe. Eso quiere decir que pedimos confiados en que el Señor no escucha. Lo mismo que nos escuchan nuestros padres de la tierra. Nos escucha y nos atiende. Eso no quiere decir que nos dé lo que pedimos, sino que sabe, mejor que nosotros, lo que nos conviene y es eso lo que nos da.

Porque pedimos mal y cosas que quizás no nos hace tanta falta como nosotros pensamos. Y es que lo primero que tenemos que pedir es nuestra salvación. Para eso necesitamos creérnoslo y, luego, tener paciencia, confianza, humildad y pedir por amor. Sí, necesitamos también las cosas materiales, pero no tantas como deseamos, pues la abundancia de comodidades puede acomodarnos e instalarnos en la pereza y la soberbia.

Aquella mujer luchaba por sanar a su hija. Era el amor el conducto que la movía. y la alimentaba. Pero, su esperanza y su fe en Jesús la sostenía en su perseverancia e insistencia. Yo, Señor, también quiero pedirte de esa forma. Confiado, paciente, humilde y en paz. Sabiendo de tu escucha y de tu atención. Sabiendo que no me lo vas a negar, pero, sí, me vas a dar lo que necesito para llegar a Ti y estar a tu lado.

Seguramente me costará entenderlo. Mi mente es humana y mis criterios no son los tuyos. Me cuesta amar y experimentar darme integramente. Estoy manchado y sometido a mi pobre y pecadora humanidad. Pero, como esa mujer, confío en Ti, Señor, y sé que Tú, porque lo he aprendido en tu Iglesia y tu Palabra, me amas y me quieres salvar. Así que no me dejarás de la mano y me asistirás, pero como sólo Tú sabes hacer.

Yo te pido que me des paciencia, que me fortalezcas para esperar, para comprender y saber que me estás asistiendo y fortaleciendo. No obstante, el Espíritu Santo me ha llenado de su Gracia en mi Bautismo y me acompaña. Gracias, Señor, porque, como esa mujer, yo también espero recoger lo que Tú, Señor, tengas a bien darme, porgue eso será siempre lo mejor. Gracias por tu Infinita Misericordia. Amén.

miércoles, 8 de febrero de 2017

MI PRIMER PASO: DARME CUENTA DE MI CORAZÓN HERIDO

Sabernos pecadores es reconocernos pobres, enfermos, sometidos, esclavizados, inclinados al mal, débiles, frágiles, llenos de dudas y vacilaciones y, ¡cuántas cosas más! Reconocer la herida profunda que deja el pecado dentro de nosotros es reconocer la necesidad que tenemos de acercarnos a nuestro Padre Dios para, en Él, ser liberados de esa opresión maligna que nos condena y nos pierde.

Necesitamos dar salida a ese grito que nace dentro de nosotros de eternidad. Experimentamos la esperanza de Vida Eterna y en Jesús y su triunfo sobre la muerte, con su Resurrección, encontramos respuesta a todas nuestras esperanza. Y desde este humilde rincón damos salida a ese grito de esperanza y de amor en el Espíritu de Dios.

Y para ello necesitamos curar nuestro corazón enfermo. Un corazón endurecido por la dureza de este mundo y sus egoísmos; un corazón maltrecho por las ambiciones y pasiones que esclavizan, enfrentan y someten; un corazón lleno de vanidades, soberbia y explotaciones. Sí, necesitamos pedirte, Señor, que nos des ese corazón sencillo, humilde, dócil, generoso, servicial y amoroso como el de tu Madre, para, junto a ella, afirmarnos en el camino de del amor y de la paz.

A veces nos sentimos perdidos, confundidos, temerosos y llenos de dudas. Por eso, la compañía de tu Madre, también nuestra Madre, experta y conocedora de todas estas tribulaciones, peligros y dificultades, nos dan seguridad y confianza, y, sobre todo, ánimo y fuerzas.

La prudencia y el sentido común puede ser armas de doble filo. Porque nos podemos autoengañar utilizándolas para justificarnos y abandonar aquello que no vemos claro. Sin apenas discernir y arriesgar lo necesario para ver. Pero, sobre todo, para depositar la confianza en Aquel que nos ama y quiere salvarnos. Amén.

martes, 7 de febrero de 2017

INFESTADOS DE PREJUICIOS

Tendríamos que lavarnos todos los días con una antivacuna especial que nos desinfecte de tantos virus mal intencionados, que nos hace murmurar de forma despótica y cargarnos de maledicencias que matan y destruyen el honor y la fama de muchas personas. Al menor descuido se nos va la lengua y lo primero que tenemos que pedir al Señor es eso, que nos libre de murmurar maliciosamente.

Estamos llenos de prejuicios que nos traicionan y autoengañan. Prejuicios que se esconden en nuestras propias justificaciones para distorsionar la realidad y ver mal donde no lo hay, e incluso habiendo bien. Prejuicios que nos hacen ver como importante las apariencias, lo externo, sin pararnos a vernos por dentro. Porque son importantes las normas, pero más importantes son las buenas intenciones que habitan en nuestros corazones. Y esas son las que hay que respetar, cuidar y proteger sacándolas a la vida.

No te puedes parar en la norma, en la costumbre, en la tradición o en el método sin antes amar. Porque cuando amas todo cambia. ¿Qué hizo Jesús con la mujer sorprendida en adulterio? ¿La condenó según la ley a morir apedreada? Esa actitud de Jesús es nuestra referencia para nosotros tratar de actuar así también. La Misericordia está por encima de la ley, de la norma, del precepto, de la forma o método. Por eso, por la Misericordia estamos nosotros perdonados y salvados.

Pero eso no significa que, perdonados misericordiosamente, nos relajemos y vivamos sin cuidados, sin normas, sin métodos o sin mirar las tradiciones. ¡Claro que hay que mirar todo eso! Pero una cosa es mirarlos y otra no llegar al extremo de criticar a quienes no los sigan o lo hagan de otra forma. Lo importante es la intención con que los hagan. Si hay buenas intenciones, y eso tiene que ver con la bondad del corazón, y la búsqueda del bien, adelante. Porque todo lo que se haga amando y en nombre del Señor es bueno.

Pidamos esa sabiduría de descubrir la verdad del corazón y no pararnos de forma extrema en los métodos, las estrategias, las normas, las costumbres o lo que sea. Jesús pasa por encima de todo eso. Rompió muchas normas y leyes hechas por los hombres y nos enseñó simplemente a amar. Nos lo enseñó dándonos ejemplo con su Vida y su Palabra.

lunes, 6 de febrero de 2017

EN PRESENCIA DEL SEÑOR

Nos preocupa estar delante del Señor. Muchos no sabemos qué decirle o qué pedirle. Quizás, nos distraemos o creemos que no nos escucha. En fin, no sabemos orar o pensamos que es algo que debemos aprender. Sin embargo, no sabemos como empezamos a hablar con nuestros padres, y también a pedirle las cosas que nos gustaba o necesitamos. ¿No es Dios nuestro Padre? Al menos así nos lo ha presentado su Hijo, nuestro Señor.

También, hemos aprendido de nuestros padres a saber que hay cosas que no nos dan, y hasta que nos las prohiben. En aquellos momentos nos enfadábamos, pero ahora reconocemos que tenían razón. No nos convenía aquello que con tanto interés y muchas rabietas queríamos. Pues, supongo, que con nuestro Padre Dios, tal y como Jesús nos lo describe, nos tendremos que relacionar de la misma manera.

Recordamos como era nuestra relación de niño. En muchos casos, casi siempre, no eramos conscientes de lo que decíamos y hacíamos. Posiblemente éramos dirigidos y lo repetíamos como loros. Pero, ahora, más conscientes y responsables de nuestros actos, sabemos mejor hablar con Dios. Y hemos de hacerlo con franqueza y confianza.; con tranquilidad y generosidad; con solidaridad y servicio. Porque, lo que debemos pedirle a nuestro Padre Dios es que nos enseñe a amar. A amar como nos ha amado su Hijo y a servir como nos ha servido su Hijo. 

Esa debe ser, en mi humilde opinión, nuestro diálogo con el Señor. Podemos hablar de como van nuestras cosas; podemos pedirle las necesidades materiales que necesitamos para vivir dignamente; podemos contarle nuestras dificultades, nuestras debilidades, nuestros temores, nuestros peligros...etc. Y pedirle que nos aumente nuestra fe; que nos dé un corazón limpio, desprendido, generoso, servicial. Cada día habrá un tema, un obstáculo, un peligro, una necesidad...etc. Es nuestro Padre y con Él debemos hablar convencido de que nos escucha, nos ama y nos dará lo que realmente nos convenga para llegar salvos a su Casa. Amén.

domingo, 5 de febrero de 2017

SER REFLEJO DE TI, SEÑOR

Revisteme, Señor, de tu Gracia, para que en cualquier momento de mi vida todos mis actos sean reflejo tuyo. Porque eso es lo que realmente quiero, Señor, pero lo que no puedo hacer. Como diría Pablo, hago lo que no quiero hacer, y no hago lo que quiero. Esa es la lucha diaria de mi vida; esa es la perenne y constante intranquilidad de cada día y el deseo ardiente de respuesta a tu Palabra.

Hoy, no quiero dejar pasar este hermoso momento para pedirte esa Gracia. La Gracia de vivir en tu Palabra y de no cesar de esforzarme en hacer las cosas como Tú quieres. La Gracia de responder según tu Voluntad, escuchándola y haciéndola. La Gracia de no desfallecer, porque sé que soy débil y fácil de ser tentado y de acomodarme en la pereza, las pasiones y el desenfreno. Fácil de dejarme ir y de perderme.

Quiero, Señor, y Tú lo sabes mejor que yo, seguir tus pasos. Mi vida no significa nada y pierde todo su valor si no estoy contigo. Todo pierde su sentido cuando Tú te quedas fuera. Y no me siento bien cuando mi sal se desala y mi luz se hace oscuridad. Quiero salar y alumbrar. Salar la vida y llenarla de tu perfume y de tu sabor. Desprender ese gusto que da gozo y alegría el saborearlo y paladearlo. Quiero, Señor y sé que sólo en Ti y por Ti puedo hacerlo.

Pero, también, al mismo tiempo, quiero ser luz. Luz, como Tú, para alumbrar todos los rincones de mi vida oscuro y sombríos. Quiero que los que circulen en mi misma dirección queden alumbrados por la luz que irradia mi corazón reflejada del tuyo. Quiero, Señor, ser esa sal y esa luz de la que Tú me hablas hoy en tu Evangelio. Quiero, Señor, y te lo pido con toda mis fuerzas y todo mi ser. 

En Ti confío, Señor, y, para ello, quiero esforzarme y poner todo de mi parte. Todo lo que me has dado y que tengo que poner a negociar para bien de los demás. Quiero, Señor, que mis humildes y pobres manos vayan llenas de esfuerzo y de amor, aunque con poco rendimiento, a la hora de presentarme ante Ti, y confiar, abandonándome en tus Brazos, en tu gran Misericordia. Amén.

sábado, 4 de febrero de 2017

LA LUZ SE ESCONDE EN LA ORACIÓN

No hay otra manera de permanecer y perseverar en la Luz que la oración. La oración nos fortalece y enciende nuestro corazón. La oración es el combustible que aviva el fuego de nuestra alma y la pone en relación con Dios. Orar es caminar unido al Señor abriéndonos a la acción del Espíritu Santo. Sin oración no podemos dar un paso.

Señor, hoy, como ayer los apóstoles, te pedimos que nos enseñes a orar. También a ti, Madre santa, que supiste pacientemente avivar en tu corazón la llama del amor en tu Hijo. Acompáñanos  y fortalécenos con tu ejemplo en la oración. Pero, queremos saber y aprender a buscarte. A no perdernos y estar siempre orientado al camino, a pesar de nuestras caídas y pecados, alumbrados por la Luz del Espíritu Santo.

Que sepamos, Señor, encontrarte y perseverar en tu Iglesia y junto a tu Madre. Sentimos miedo y temor de perdernos, de desviarnos y de perderte. Por eso, hoy no queremos perder la oportunidad, junto a todos los hermanos en la fe que pasen por este rincón, de pedirte que nos enseñes a orar y a buscar esa Luz de tu Espíritu que se esconde en la oración contigo.

Danos, Señor, la sabiduría de recurrir a Ti para descansar en Ti. Porque el descanso consiste en reponer fuerzas para volver a la tarea de amar. Y eso significa entregarse y darse gratuitamente hasta el último esfuerzo de nuestra capacidad. No, Señor, porque descansemos estaremos nuevo para comenzar la tarea, sino porque lo hagamos en Ti. 

Tú eres nuestro descanso, nuestro apoyo y nuestra fuerza. En Ti, Señor, encontraremos la vitalidad y la capacidad para volver a empezar; para volver a reconstruir todo lo que está muerto y volverlo a la vida. En Ti, Señor, nos apoyamos y descansamos. Gracias Señor. Amén.

viernes, 3 de febrero de 2017

ORAR SIN DESFALLECER

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS


La vida es dura y tentadora. Los peligros acechan a la vuelta de la esquina. Y nuestra naturaleza humana es débil y esta tocada por el pecado. Esa, podemos decir, es la radiografía, digamos espiritual, que nos identifica como hombres pecadores inclinados al pecado. Si pretendemos recorrer el camino de nuestra vida sin la ayuda necesaria, estamos destinados a caer en manos del diablo, que nos acecha sigilosamente en cada instante. Y que, conociendo nuestras debilidades, nos tienta con sus suculentas ofertas pasionales, de poder, de riqueza, de comodidades, de frivolidades...etc.

No es difícil augurar que seremos presa fácil de sus garras. Pero, también, nos engaña confundiéndonos y haciéndonos ver que nuestra felicidad está en este mundo, en las cosas de este mundo. Así, Herodes, Herodías y su hija creyeron encontrar la vida donde no hay sino muerte. Porque este mundo es caduco y todo lo que hay en él lleva ese sello de la caducidad.

El hombre aspira a la vida. La Vida Eterna para la que ha sido creado. Una Vida plena y gozosa y que no termina nunca, porque entonces no sería plena de gozo. De ahí, que el hombre sensato y prudente construye su vida sobre la roca de la fe en el Señor. Y camina unido e injertado en el Señor. Y el vehículo del camino es la oración. La oración que consiste en estar a cada instante en la presencia del Señor, ora en el trabajo, ora en el descanso y en la diversión. 

Porque orar es hacer las cosas con sentido común, en la verdad y en la justicia. Actuando así estamos amando, y si amamos como el Señor nos amó, estaremos en el buen camino y haciendo su Voluntad. Amén.

jueves, 2 de febrero de 2017

EN LA HORA DE MI BAUTISMO

Mis padres decidieron bautizarme. Doy gracias al Espíritu Santo que así fuese, pues mis padres, siendo católicos, como casi todos los de aquella época, no eran practicantes. Se era católico por cultura y también por imposición. Eso no quiere decir que muchos lo fuesen por convicción y voluntariamente. Pero se calló en el error de casi imponerlo. Lo legislado era pasar por la Iglesia para el Bautismo.

Todos pasábamos por el bautismo. Luego primera comunión y confirmación. En mi caso he sido sensible a esa fe que me fue dada en el Bautismo. Y doy gracias a Dios por ese precioso regalo al que yo también quiero abrirme y abrazo con todas mis fuerzas. Sin embargo, hoy me pregunto, ¿qué ha sido de mi Bautismo? La Gracia que he recibido del Espíritu Santo, ¿la dejo actuar en mí? ¿Soy consciente de que tengo al Espíritu Santo y en Él puedo y debo crecer en sabiduría y fortaleza acompañado de la Gracia de Dios?

Pidamos al Espíritu de Dios que seamos capaces de crecer en sabiduría y santidad, y que por la Gracia, recibida en nuestro Bautismo, respondamos a ese compromiso sacerdotal, del cual hemos sido revestido. Tenemos la promesa del Señor que nos dice que quienes se bauticen y crean en Él se salvarán.  Y es eso lo que te pedimos, Señor en este momento de oración.

Momento de Gracia que vivo en este momento que hago esta oración-reflexión. Pues lo hago en la Iglesia de San Bernardo (Ermita de San Telmo) en Las Palmas, mientras espero a que de comienzo la celebración de la santa Eucaristía. Y doy gracias personalmente porque mi revisión  médica rutinaria ha salido bien. Pero el mejor regalo estar ahora aquí delante de Ti, Señor esperando participar en tu banquete Eucarístico para alimentarnos espiritualmente de tu Cuerpo y Sangre. Gracias, Señor, porque hemos dispuesto de este hermoso tiempo para poder estar.

Gracias, Señor, porque esta es la mejor medicina, tu Cuerpo y tu Sangre. El alimento espiritual que nos sostiene y nos da vida. Amén.

miércoles, 1 de febrero de 2017

NUESTRA EXPERIENCIA LO AVALA

Nuestra experiencia avala lo que nos dice Jesús. Nos resulta difícil ser reconocidos en nuestros ambientes. Nos resulta difícil convivir con nuestros paisanos y adquirir un cierto prestigio. Sorprendentemente son mejor acogidos los extraños y desconocidos. Los del pueblo o ciudad tienen la etiqueta de que sus orígenes son conocidos, y eso marca su trabajo.

Nadie discute el adagio: "Nadie es profeta en su tierra", y la experiencia de nuestro Señor así lo descubre. Supongo que los que lean esta humilde reflexión están de acuerdo en esta sentencia. Somos valorados allende de los mares más que en nuestra propia tierra. ¿Por qué? esa es la pregunta del millón. Quizás por la cercanía, porque nos conocen y eso marca nuestro trabajo. Un síntoma que puede ayudarnos a comprender es descubrir que cuando oímos a alguien preguntamos por sus orígenes y títulos.

Supongamos que oímos a una persona que nos cautiva y luego conocemos que es un simple empleado, carpintero u otro oficio. Que no tiene ningún título y apenas ha terminado la educación primaria. Seguramente ya no nos parecería tan cautivador su discurso y no le daríamos tanto valor. Lo bueno es descubrir nuestras limitaciones, nuestros defectos, fallos y pecados. Y esforzarnos en ponerle remedio. Frenar nuestra lengua para no matar con ella el honor y el prestigio de otras personas. Porque no sólo matamos con armas y quitando la vida, sino también cuando desprestigiamos y laceramos el honor de las personas.

Padre nuestro, Tú que nos quieres tanto, que nos ama hasta la locura de entregar a tu Hijo predilecto y amado a una muerte de escarnio y cruz, danos la fortaleza de saber frenar nuestras pasiones y desenfrenos. Mantenernos siempre equilibrados y en la verdad viviendo en la justicia y el respeto a los demás. Y dominar nuestra lengua para no herir en el honor y prestigio a otras personas, valorando su profesionalidad y su trabajo. Amén.