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martes, 11 de septiembre de 2012

SIN TU PALABRA, SEÑOR...


Tu palabra me vivifica…

a donde voy y que hago. Mi nieto de tres años suele mirar para mí y decirme: ¿y ahora qué hacemos? Esa pregunta le nace ante la impotencia de no saber resolver algún pequeño problema en sus propios juegos. 

Pero yo me hago esa misma pregunta ante la impotencia de no saber por dónde ir ni qué hacer en mi propia vida. Sin Ti, Señor, no sé caminar. Todos los caminos se me oscurecen y mi brújula interior se pierde, se desorienta, se rompe. ¿Cómo caminar sin Ti, Luz de luces, que avanzan a tu vera y se guían por tu Palabra?

Dame, Dios mío, la serenidad y la paciencia de consultar contigo todos mis pasos, y no atreverme a andar sin no haberte antes consultado. Necesito tu permiso, tu aprobación para caminar con paso firme, seguro y alegre, porque cuando experimento que no voy contigo, mi camino se hace inseguro, pesado y confuso.

Guiame por caminos de unidad, de concordia, de solidaridad. Líbrame de proyectar yo solo mi camino, porque ir contigo es ir con los hermanos. No dejes que me aparte de tu Iglesia, esa que Tú elegiste y formaste en la catedra de Pedro.

Pero, también, Señor, necesito saber decirte mis problemas, saber exponértelos, porque muchas veces no sé ni lo que quiero. Y más, dame la virtud de saber escucharte. No se trata de oírte, sino de escucharte, de hacer vida en mí tus Palabras.

Señor, enséñame a saber elegir mi camino, mis criterios, mis esfuerzos, mi rumbo; enséñame a saber discernir el bien del mal y dame la voluntad de acatar y cumplir tu Voluntad y no la mía. Sólo así sabré que mi camino es tu Camino, y que lo que elijo y hago es lo que Tú quieres que elija y haga. Y esa realmente es la Verdad. Amén.

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